Dirigentes a golpe de algoritmo

por 31 Jul 2024Ética, Inteligencia artificial

Las promesas y riesgos de la IA como jefe

“Ayer dedicaste 104 minutos a elaborar una oferta, lo que supone un 19% más de tiempo que la media de tu departamento y un 44% más que tu fellow champion de esta semana. Mañana te he puesto cita con el cliente XYZ, al que este mes se le debe facturar por 56 horas y 32 minutos de consultoría. Recuerda que se dice ‘vamos a ver’ y no ‘vamos ha ver’, como le escribiste en tu último correo electrónico. En nuestro PPT (Portal de la Productividad Transparente) puedes ver el progreso de todos tus compañeros. Te he generado unos divertidos vídeos para mejorar tu rendimiento y conseguir momentos wow con los clientes”.

Así podría responder lo que se conoce como un AI Manager. Un directivo basado en inteligencia artificial, una especie de jefe-máquina que, sin desfallecer, se dedica a esas tareas aburridas de la gestión, tales como la medición del rendimiento, asignar quehaceres o el seguimiento de la facturación; que te orienta en tu desarrollo y hasta te corrige faltas de ortografía. Con un AI Manager los gestores ahora se podrán dedicar a cuestiones más relevantes, como… ¡preocuparse por el lado humano de la gestión!, podría responder el propio AI Manager en su perpetuo ánimo de ayudar al ser humano.

Jefes y políticos basados en IA

Según la empresa Inspira, dueña de un bot de AI Manager, un jefe-máquina es la abundancia en la gestión, que te ayuda a mitigar un sinfín de problemas: absentismo laboral, impuntualidad, propensión a distraerse, mal trabajo en equipo, problemas de comunicación o falta de motivación, por citar unos pocos de la extensa lista. Me pregunto ¡cómo hemos podido gestionar a las personas hasta la fecha! Supongo que malamente, sin este tipo de inteligencia.

Detrás se esconde el sesgo de pensar que la IA es imparcial y objetiva

El tema se vuelve más grave cuando, en lugar de directivos bot, hablamos de posibles gobernantes de un país. En las recientes elecciones del Reino Unido el bot AI Steve se presentó como candidato a primer ministro. Él mismo se describe como el único capaz de conversar con 45.000 electores al mismo tiempo y formular políticas basadas en lo que realmente le importa a la gente. Es la democracia reinventada. ¡Qué peligro! Afortunadamente solo obtuvo 179 votos despistados. Pero ya se ha dado un paso. Quizá no el primero, pues Dinamarca tuvo The Synthetic Party y la ciudad japonesa de Manazuru un AI Mayor, todos ellos gobernantes basados en IA.

El engaño de una IA objetiva

Detrás de todos estos casos se esconde uno de los sesgos inherentes a la inteligencia artificial: pensar erróneamente que es imparcial y objetiva, que no tiene sentimientos y carece de egos. Falso de todo punto. Su “pensamiento” es el pensamiento de aquellos que la diseñaron. Su objetivo es el objetivo de sus creadores.

Junto a la supuesta imparcialidad se une esa visión wow de la tecnología maravillosa que todo lo cura. El engaño se sustenta en unir palabras que por separado no podemos negar, pero que juntas son cuestionables. AI Steve habla de reinventar la democracia. Inspira nos anima a la optimización humana. ¿Cómo negar la invención, la democracia, la optimización o el humanismo? Imposible oponerse a tan nobles objetivos. Pero, unidos, nace el peligro, surge la intención nada ecuánime. Habitualmente, reinventar la democracia es ajustarla a intereses particulares; optimizar al ser humano es querer convertirlo en máquina.

No hay un mundo necesariamente wow detrás de toda inteligencia artificial. Tampoco abocado sin remedio a la desgracia. La clave es no pensar que todo lo hecho hasta hoy es merecedor de caer en el olvido. No mitificar la innovación, sino mirarla con ojo crítico para distinguir lo acertado de lo erróneo. Y si alguien te pide momentos wow, dile que se compre un perrito.

Publicado en Digital Biz

 

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