Bombas de agua en una aldea africana

Bombas de agua en una aldea africana

Bombas de agua en una aldea africana

De la comunidad a la individualidad

 

Durante mi largo periodo universitario pasé un corto periodo de tiempo en la ONG Ingenieros Sin Fronteras, actualmente ONGAWA, y allí me contaron una historia que me hizo reflexionar sobre el impacto de la tecnología en la sociedad. Hace ya mucho tiempo de aquello y no recuerdo el lugar exacto, por ello, parafraseando a Cervantes, me atrevo a comenzar diciendo:

En un lugar de África de cuyo nombre no puedo acordarme, existía una pequeña comunidad cuya vida se vio alterada cuando les instalaron una bomba de agua en medio de la aldea. Antes de la llegada de dicha bomba, para disponer del agua de consumo diario las mujeres jóvenes de cada casa caminaban hasta el pozo más cercano unos tres kilómetros con el cántaro de barro sobre su cabeza. Aquel recorrido, que solía ser solitario y tranquilo, era aprovechado por los mozos del lugar para intentar acercarse a ellas y comenzar así un cortejo romántico. En cualquier recodo del camino, o quizás tras el grueso tronco de un baobab, un joven podía hacerse el encontradizo con aquella chica, que, en busca del agua diaria, recorría el camino hacia el pozo. La joven quizá recibía aquel encuentro, forzadamente casual, con soleada gratitud, y al final, en el brocal del pozo, el agua del amor podía correr con soltura.

Gracias a aquellos caminos hacia el pozo, el desarrollo familiar se mantenía con un ritmo sano de matrimonios y nacimientos, o nacimientos y matrimonios pues todo viaje al pozo tenía cierto punto de incertidumbre. Pero aquella tranquila aldea fue objeto del plan de “Viabilidad del Agua Y Acequias” (plan VAYA) que acabó con aquella natalidad sólida de que gozaban. En mitad de la aldea instalaron una moderna y tecnológica bomba de agua, que, a través de apropiadas y seguras tuberías, traía el agua del remoto pozo hasta el centro de la aldea. Con satisfacción y pompa se anunció tan importante mejora a la comunidad internacional. Hubo inauguración oficial con grandes personalidades de organismos internacionales, y la foto de algún que otro cantante de moda bienintencionado rodeado de niños jugando con el agua a presión que salía de la bomba.

Debemos usar la tecnología para el desarrollo de la sociedad, haciendo a la vez que las personas no pierdan su integración cultural de la comunidad en la que viven

Al final del día, cuando el sol rodaba por el filo de la sabana, se marcharon los negros coches oficiales, y allí quedó la bomba soltando agua en la explanada central de la aldea. Con ello se acabaron los paseos a por agua con el cántaro en la cabeza, las sorpresas previstas de encuentros imprevistos, el goteo de risas recostados en el pretil del pozo, y todo aquello que el amor desbordado pudiera llevar. A falta de encuentros amorosos camino del pozo, la aldea se fue quedando poco a poco sin niños, pero siempre con agua.
Esta historia, quizá algo novelada, pero con un poso de realidad, nos puede hacer pensar en cómo la tecnología y las medidas de desarrollo afectan a la cultura de la sociedad. En particular, y atendiendo a la moraleja de esta historia, cómo la tecnología nos puede llevar de la comunidad a la individualidad.

Ahora ya no instalamos bombas de agua en las plazas de las aldeas, pues esa necesidad ya está cubierta, pero sí instalamos “bombas de información”, sistemas que nos bombean (o bombardean) información: las redes sociales, los chatbots que saltan en cuanto entramos en una página web, o cualquier aplicación basada en el big data. Todas ellas nacen con la idea de traernos esa información que necesitamos, sin tener que caminar tres kilómetros.

Resulta paradójico que estas bombas de información a veces, si no las usamos convenientemente, fomentan más nuestra individualidad que nuestra vida en común. Evitan que nos encontremos, persona a persona, por el camino. Ya no hace falta llamar a nadie para tener información, ya no es necesario ir a ningún sitio: la información viene a ti, como el agua a la plaza del pueblo.

Jacques Ellul, filósofo del siglo XX, hablaba de la “liberación” de la tecnología, no en el sentido de rechazarla, imposible por otro lado, sino en la idea de tomar conciencia de cómo actuar con ella como sujetos (personas) y no como objetos (usuarios). Ésa debe ser la actitud para conseguir que la tecnología no nos lleve de la comunidad a la individualidad. Debemos usar la tecnología para el desarrollo de la sociedad, haciendo a la vez que las personas no pierdan su integración cultural de la comunidad en la que viven.

En otra ocasión, espero que pronto, desarrollaré esta idea con un ejemplo basado en una actuación que está llevando a cabo en Nigeria para limpiar el delta del río Níger basado en el blockchain (a través de la organización Sustainability International). Por el momento me permito terminar con dos citas, una de Hans Jonas y otra de Spiderman. Hans Jonas, en su principio de responsabilidad, nos decía que teníamos que obrar de tal modo que los efectos de nuestra acción fueran compatibles con la permanencia de una vida humana auténtica en la Tierra; es decir, debemos instalar bombas de agua y además hacer que la sociedad continúe con sus costumbres. Porque con la tecnología tenemos un gran poder de actuación, y, como decía el tío de Spiderman (aquí está la segunda cita), “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”: la responsabilidad de conseguir que la tecnología no nos aleje de la individualidad«.

Publicado en: Icarus

 

 

Aires de mala gestión que dispersan la nube

Aires de mala gestión que dispersan la nube

Aires de mala gestión que dispersan la nube

Decía Ovidio que “veo lo que es bueno y lo apruebo, pero hago lo peor” y así parece que ocurre cuando migramos servicios a la nube. Y no por ir a la nube, sino por la forma en la que vamos. La tecnología es siempre el menor de los problemas; eso lo sabemos. Como también sabemos que en todo cambio tecnológico lo relevante son los aspectos de gestión; lo sabemos, lo aprobamos, pero no lo terminamos de hacer.

Según un informe sobre el mercado del Cloud Computing en España elaborado por Quint, actualmente la satisfacción con los servicios en la nube es aceptable. No obstante, existe una cierta desilusión al no haber alcanzado los ahorros que se habían previsto. En muchos casos, la nube no ha resultado tan barata como vaticinaban los casos de negocio. La razón de este desacuerdo, entre lo esperado y lo real en la cuestión económica, se encuentra en la gestión, y en particular, en el paso a un modelo de pago por uso.

Resulta una cuestión muy evidente a la par que problemática: en el pago por uso, pagas por lo que usas; luego si usas mucho, pagas mucho. Financieramente no hay problema si ese pago elevado proviene de una actividad de negocio elevada: por ejemplo, a más clientes, más consumo de almacenamiento y, por lo tanto, más pago por unidad de memoria. Hay más coste, pero relacionado con más ingresos.

En la migración al Cloud no se obtienen los ahorros esperados

El desasosiego económico proviene cuando ese pago elevado proviene, por ejemplo, de los buzones de correo electrónico, que doblan o triplican al número de empleados, significando un coste no ligado necesariamente a ingresos. Es el resultado de una gestión en la que todo se resuelve abriendo un nuevo buzón de correo, porque “es gratis”. Pero al pasar a un modelo de pago por buzón (pago por uso), cada buzón ya no es tan gratis.

Al migrar a la nube los problemas tecnológicos se resuelven. Pero si no cambiamos la forma de gestionar, los beneficios esperados de la nube se dispersan por los aires de la mala gestión. Esta situación no empaña, sin embargo, las buenas perspectivas de crecimiento de los servicios Cloud, que presentan un crecimiento del 60% para las grandes empresas, y actualmente en las empresas más pequeñas ya significa el 30% de su presupuesto de TI.

Además, se ve claramente que el Cloud es una pieza fundamental para los nuevos negocios digitales. Con los servicios Cloud podemos decir que finalmente la tecnología ya está en el negocio. Vemos cómo cada vez de manera más intensa es el propio negocio el que toma decisiones directas sobre soluciones Cloud y contrata directamente dichas soluciones. El Cloud es el paso necesario para el desarrollo de la nueva transformación digital en aspectos como el IoT, Big Data, Blockchain o Inteligencia Artificial. Pero para obtener resultados de dicha transformación, no olvidemos, una vez más, que debemos atender al cambio del modelo de gestión. Esto, que lo sabemos y aprobamos, hagámoslo la próxima vez.

El Cloud es una pieza fundamental para los nuevos negocios digitales

Ovidio cuenta en “Las Metamorfosis” que Faetón le pidió a su padre, el dios Helios, gobernar por un día el carro del sol a través de los cielos. Al parecer no lo hizo con gran pericia, y por ello desde entonces en las regiones septentrionales hace mucho frío (alejó el carro del sol de la tierra) y en la franja central de África hay desiertos (se acercó mucho). Ante tal desatino tuvo que intervenir Zeus, quien golpeó el carro desbocado con un rayo, haciendo que Faetón cayera al río Erídano donde se ahogó. Sus hermanas, las helíades, quedaron tan apenadas que se transformaron en álamos.

Ovidio no dice, entonces, que una tecnología (el carro del sol por entre las nubes) hay que saber cómo gobernarla (dirigir y controlar el carro del sol), más que conocer sus características técnicas (cómo funciona el sol). La próxima vez que paseemos por una vereda tranquila ribeteada de álamos, podemos pensar que el reto en los servicios Cloud está en su nuevo modelo de gestión.

Publicado en Computer World Red de Conocimiento

 

Renacimiento Digital

Renacimiento Digital

Renacimiento Digital

Si queremos ver un “selfie” de Rafael, el famoso pintor renacentista, podemos ir a los actuales Museos Vaticanos, y deleitarnos con la pintura al fresco “La Escuela de Atenas”. En la esquina derecha asoma una cabeza, rodeada de famosos filósofos, con la cara del pintor; lo asombroso es que no aparece con los labios en morritos, ni con los dedos en “v”, y en la escena todos aparecen con caras serenas, no histriónicas. Será por ello que se dice que es un autorretrato, en lugar de un “selfie”, y un cuadro, en lugar de un Instragam.

Rafael pintó “La Escuela de Atenas” entre 1510 y 1511 con el propósito de representar a los filósofos, matemáticos y científicos clásicos más relevantes. Es una imagen representativa del Renacimiento, pues la escena se centra en el hombre y en el pensamiento. En particular, en un modelo inspirador de ser humano y un tipo específico de pensamiento. ¿Qué ser humano y ejemplo de pensamiento vemos hoy en día en las fotos de Instagram?

Escuela de Atenas RafaelFragmento de La Escuela de Atenas (Rafael, 1510-1511). Museos Vaticanos.

HOY EL SER HUMANO NO OCUPA EL CENTRO

Hoy hablamos de la importancia del hombre, de la persona o del ser humano. Sin embargo cuando hablamos de internet o de las nuevas tecnologías sólo aparece la palabra cliente o usuario. Hablar del cliente es pensar en los ingresos que obtendremos por el pago de unos servicios. Hablar del usuario es pensar en los ingresos que obtendremos por sus datos de actividad.

El Renacimiento supuso una verdadera revolución cultural porque puso al hombre en el centro. Por ello verdaderamente transformó el mundo y le hizo crecer y salir de los esquemas mentales de la época medieval. En la Transformación Digital no vivimos en un mundo de personas; vivimos en un mundo de clientes y usuarios. Si queremos que la transformación digital sea una verdadera transformación de la sociedad, como lo fue el Renacimiento, debemos pasar de la visión de clientes y usuarios a verdaderamente pensar en las personas.

El Renacimiento supuso una verdadera revolución cultural
porque puso al hombre en el centro.

Tenemos la vana ilusión de creer que el hombre está en el centro de la Transformación Digital porque diseñamos dispositivos para aumentar nuestras capacidades (realidad aumentada, wereables); o porque buscamos cómo dar a las máquinas capacidades humanas. No obstante hacer que una máquina muestre emociones humanas es más que conseguir que simule tristeza arqueando la boca hacia abajo y abatiendo la cabeza. Todavía están lejos de crear y entender todo lo que transmite el famoso cuadro de Munch, “El grito”.

el_grito_munch El grito (Munch, 1893). Galería Nacional de Oslo.

 ¿DÓNDE ESTÁ LA VISIÓN DE CONVERTIR AL SER HUMANO EN HUMANO?

Si queremos hablar de una verdadera transformación digital, de un hecho digital que nos transforme, deberíamos pensar en aquella transformación que verdaderamente ponga al ser humano en el centro, como ocurrió en el Renacimiento.
Aquella transformación que haga al ser humano más humano, esto es: más amable, más alegre y más creativo.

Más amables, en el sentido propio de la palabra de poder y querer ser amados por otros. Más alegres, como el placer de existir más y mejor. Como una expansión de nuestra capacidad de hacer. La felicidad colma un deseo y sólo dura el clic de un ratón; la alegría ensancha el alma y es más permanente. Más artistas, para crear con la marca de una personalidad y un talento, transmitiendo conocimiento y verdad.

Si una aplicación de móvil, una red social, un weareable, o un robot no nos hace más amables, más alegres o más artistas, tan solo estamos pasando el tiempo. Y de pasar el tiempo a perderlo sólo hay un paso.

DE LA TECNOLOGÍA VIRTUAL A LA VIRTUD EN LA TECNOLOGÍA.

Todo está en la naturaleza humana. Por ello nuestra verdadera revolución digital debe ser cómo la tecnología nos puede ayudar a sacar lo mejor de nuestra naturaleza humana. Debemos tener la exigencia de buscar la virtud en la tecnología. Reflexionar sobre esa imagen exigente de lo que queremos ser (no tanto de lo que queremos tener) y ver cómo la tecnología nos ayuda a conseguirlo.

Nuestra verdadera revolución digital debe ser cómo la tecnología
nos puede ayudar a sacar lo mejor de nuestra naturaleza humana

Para ello apelo al verdadero usuario 2.0. A ese usuario de cierta rebeldía, que aporta, difunde, comparte y colabora para crear una red de conocimiento y experiencias; que selecciona activamente sus contenidos; opina directamente y en directo; no se deja llevar por la publicidad, sino por la experiencia de otras personas. Si de verdad anida en él una rebeldía y es un hombre y mujer de acción, apelo a que deje ser simple cliente o usuario y se convierta en una especie de humano tecnoconsciente; a que demande ese tipo de tecnología que nos hace más humanos: más amables, más alegres, más creativos.

Quizá esta exigencia obligue a cambiar los actuales modelos de negocio de la Transformación Digital. Sabemos que las aplicaciones son en su mayoría gratis, pero quizá no pensemos en el precio que pagamos por ellas: ser cada vez menos humanos.

Dalí pintó “Muchacha en la ventana”, donde una joven no solo ve a través de una ventana, sino que mira esa realidad que quiere alcanzar. Cuando abramos una ventana en nuestra tableta propongo que miremos con la exigencia de aspirar a un Renacimiento Digital.

 

Razonablemente soñando en ti

Razonablemente soñando en ti

Razonablemente soñando en ti

DESCUBIR

Habitación de Lujo en The Willow Tearooms (Mackintosh y Margaret Macdonald)

Yo siempre he pensado que el diseño consistía en convertir en bello e inútil algo que era feo y perfectamente útil. Charles Mackintosh, famoso arquitecto y diseñador modernista de principios de siglo XX, diseñó unas sillas, de cuya belleza no dudo, pero sí de su comodidad. Son estrechas y con un largo respaldo completamente recto. Fueron diseñadas para encajar con la estética alargada de los ventanales de la sala en la que se ubican. Todo ello crea un entorno armonioso de líneas rectas y verticales que ofrece tranquilidad a la vista; pero no parece que uno desee pasarse horas y horas sentado en ellas.

Rueda de bicicleta (copia) (Duchamp, 1913)

Otro gran artista, Marcel Duchamp representó la idea de forma genial con su obra “Rueda de bicicleta”. Sobre un taburete montó una rueda de bicicleta. Con ello conseguía un objeto totalmente inútil: no te podías sentar en el taburete, ni podías usar la rueda para desplazarte. Esto no es diseño, es arte (aunque pueda parecer increíble); pero para mí representa el límite al que puede llegar el diseño mal entendido.

¿Por qué no me gusta el diseño? Porque puede llevar a pensar en cosas inútiles.
¿Por qué puede llevar a pensar en cosas inútiles? Porque puede crear objetos más bien orientados a la belleza.
¿Por qué puede crear objetos más orientados a la belleza que a la utilidad? Porque deja volar la imaginación.
¿Por qué deja volar la imaginación? Porque no tiene límites.
¿Por qué no tiene límites? Porque sueña, cuando juega con el arte.

DEFINIR

Visto así, esto del Design Thinking no parece cosa seria. Resulta arriesgado dejar la solución de los grandes problemas en algo que sueña. Podemos pensar en un Director de una gran organización que desea utilizar los principios de Design Thinking para el diseño de un nuevo servicio basado, por ejemplo, en transformación digital.

¿Qué dice y qué piensa? Me enfrento a algo totalmente desconocido. Desconozco la transformación digital. Mi Director de Tecnología no sabe explicarme bien el negocio que hay detrás de las propuestas tecnológicas que me presenta. Sólo veo riesgo e incertidumbre. Me hablan de Design Thinking como herramienta que permite desarrollar soluciones de negocio de manera exitosa. He visto poco y no quiero tener a mi gente pegando posits por las paredes, con todo lo que tenemos por hacer.
¿Qué hace y qué siente? Estoy inseguro. Lo mejor sería no hacer nada. El negocio marcha bien tal y como está. Siempre lo hemos hecho así y así es como se debe hacer y así es como sé hacerlo.
¿Qué ve y qué oye? Sin embargo veo crecer nuevos negocios, más pequeños que el mío, que me están quitando cuota de mercado. Crecen rápidamente sustentados por internet o aplicaciones móviles y mi facturación disminuye. Hay casos de éxito de nuevas soluciones basadas en Design Thinking. Aquellos que lo utilizan, aciertan con la solución: saben entender el pensamiento de sus clientes y crean soluciones atractivas.
¡Voy a usar las herramientas de eso del Design Thinking!

Visto así, esto del Design Thinking no parece cosa seria. Resulta arriesgado dejar la solución de los problemas en algo que sueña

DESARROLLAR

¿What if diseño un vestido para mi mujer que vaya a juego con la decoración de nuestra casa?

Vestido acorde a la decoración (Henry Van de Velde)

Eso es lo que pensó e hizo el arquitecto belga y diseñador de interiores Henry van de Velde, también de principios del siglo XX. Además de diseñar la decoración de su casa, diseñó unos vestidos de corte largo con los mismos motivos geométricos que aquellos que adornaban muebles y paredes de sus habitaciones. Nada se sabe de los pensamientos de la mujer de Van de Velde. Pero no sería aventurado creer que ella pensara que eso era un completo disparate.

Es el diseño llevado a su límite que no tiene. Ése es el problema de dejar volar la imaginación. De poner la solución de los problemas en un método que de alguna forma sueña. Ése es el riesgo de Design Thinking si no sabemos utilízalo. De igual forma que el diseño acaba en inútil si sólo se mueve en la esfera del arte y abandona la funcionalidad.

Design Thinking se mueve dentro de lo que se llama el doble diamante que de manera gráfica (como estamos haciendo con el texto de este artículo) muestra el pensamiento divergente y convergente. Design Thinking busca un equilibrio entre la creatividad y la razón. El pensamiento divergente (fases Descubrir y Desarrollar) es la parte creativa. Para ello, por ejemplo la herramienta “What if”, que hemos usado en este apartado, ayuda a dejar volar la imaginación. Pero debemos encontrar un equilibrio. De lo contrario podemos llegar a desatinos, a soluciones que no resuelven problemas.

ENTREGAR

El diseño es el equilibrio perfecto entre estética y funcionalidad. Dicho de una forma más poética: enlaza emoción con razón. Es por ello que los procesos de diseño parecen útiles para la resolución de problemas, donde se debe encontrar el equilibrio perfecto entre el instinto y el análisis de datos. Así nace Design Thinking. La unión de creatividad y razón es adecuada porque nuestra percepción y entendimiento de la realidad es una mezcla indisoluble de instinto y lógica.

El diseño es el equilibrio perfecto entre estética y funcionalidad. Dicho de una forma más poética: enlaza emoción con razón

Para conseguir tal unión, Desgin Thinking dispone de una serie de herramientas, tres de las cuales las hemos usado en este artículo: 5 porqués, mapa de empatía, what if. Existen otras, algunas de ellas bien conocidas, como el DAFO, Canvas, análisis 360º o tormenta de ideas.

Utilizando herramientas de Design Thinking hemos destacado el reto de la parte creativa (fases divergentes), que es la que nos conecta con lo ilimitado: puede llevar a soluciones absurdas (diseñar vestidos según la decoración de la casa) difíciles de convertir en solución de negocio. Puede causar rechazo (“no quiero a mi gente pegando posits”).

Si sólo usamos las herramientas de Design Thinking sin pensar en su esencia, no hacemos Design Thinking. Podemos usar un DAFO y no hacer Design Thinking. Por ejemplo, si pretendemos justificar con datos rigurosos toda afirmación del DAFO. Para usar correctamente Design Thinking debemos buscar ese equilibrio perfecto entre intuición y razón.

Design Thinking encuentra dicho equilibrio, sabiendo que diseña con y para las personas. Creando equipos multidisciplinares y pensando siempre en el usuario (¡pobre mujer de Van de Velde!).

Por ello, para terminar este artículo según Design Thinking, que empezaba erróneamente con la palabra “yo”, debe concluir razonablemente soñando en “ti ”.

Publicado en Leaners Magazine nº 8, Design Acting, pp.24-25

 

Un cuento de dos ciudades

Un cuento de dos ciudades

Un cuento de dos ciudades

Érase una vez Marta, quien aquella mañana recordaba la fiesta de la noche anterior. Todo fue demasiado breve y demasiado intenso. De él sólo sabe que se llama Martín.

Érase una vez Martín, quien apenas pudo dormir durante la noche. En su teléfono tiene el selfie que se hizo con ella y en su recuerdo guarda su nombre. De ella sólo sabe que se llama Marta.

Marta mira lo extenso de la ciudad desde su ventana soleada. La ciudad se extiende como un centón de pequeñas casas con jardín, en una distribución irregularmente regular. Aquella mañana su huerto trasero parece más vivo, con colores más intensos que derrochan vida.

Martín se ha despertado una vez que las persianas eléctricas se levantaran al tiempo que el sol se levanta. Pierde su mirada tras el amplio ventanal de su dormitorio. Mira sin mirar, recordando la mirada de Marta. Los tejados de las casas se extienden a su vista, salpicados de placas solares y depósitos de agua. Todo ello en una armonía desordenada.

Aquella mañana Marta ha quedado con Martín detrás del Ayuntamiento. Fue lo poco que pudieron decirse, después que la locura de la fiesta les separara. Por fortuna su trabajo se lo permite, pues trabaja en su casa. Lo importante es tener los pedidos a tiempo y eso le hace ser dueña de su tiempo. Puede marchar a encontrarse con Martín. Su casa tiene buena luz y puede trabajar luego hasta tarde.

Martín ha decido que ese día no irá al despacho. Trabajará desde casa. Tiene conectividad y acceso a toda la información que necesita. Por la noche terminará lo que le queda y la entrega estará a tiempo. Esa mañana debe ir al Ayuntamiento. Si no está allí a primera hora es posible que no vuelva a ver a Marta.

Le preocupa el tráfico. Es temprano y suele haber problemas para moverse con rapidez. Le tranquiliza la aplicación del tráfico que le avisa en tiempo real de los puntos conflictivos y le ofrece las mejores rutas. Distintas personas desde distintos puntos informan de manera desinteresada sobre la situación de la ciudad a través de sus diversos dispositivos móviles. Con tanta información resulta complicado no encontrar lo que uno desea. Martín desea encontrar a Marta y parece como si toda la ciudad se estuviera preparando para su encuentro.

“¿Cómo vivían antes en una ciudad si no tenían tanta información?” –publica rápidamente en una red social a través de su reloj.

Mentalmente Marta repasa el camino hasta el Ayuntamiento. Por la mañana suele haber mucho transporte para el abastecimiento de las tiendas cercanas. A veces resulta complicado transitar por las calles. En alguna ocasión ha entregado un pedido tarde por causa del tráfico en las calles. La situación ha cambiado tras las nuevas ordenanzas que regulan el tránsito de la ciudad, haciendo que éste sea más predecible. Eso le tranquiliza y le da esperanza de encontrarse con Martín en breve. Mientras escucha el silencio de su ciudad, piensa cómo antes la gente podía moverse por la ciudad, cuando todo era un caos.

Con tanta información resulta complicado no encontrar lo que uno desea

El silencio es lo que llena la ciudad. Tranquilidad dentro de la agitación. Quietud dentro del movimiento. No siempre fue así. Marta recuerda tiempos de joven cuando toda la actividad de su ciudad se traducía en ruido. Ahora el suave murmullo del movimiento le acompaña en el pensamiento de Martín. Se dirige hacia el Ayuntamiento, pero su imaginación ya está allí. No sabe si le encontrará. Es lo palpitante de la incertidumbre.

Martín siempre piensa que tiene demasiada información. Además de saber cuál es el mejor camino para ir al Ayuntamiento, sabe de los niveles de ruido y de contaminación por zonas de la ciudad. No le importa pasar por una calle ruidosa, si eso le hace llegar antes al Ayuntamiento; ni le importa atravesar algo más de humo, si con ello no pierde su cita. Demasiadas variables que controlar para un solo pensamiento. Marta puede que le espere pero ninguna aplicación le dice si la encontrará donde han quedado. Si se volverán a ver. La ciudad está llena de sensores que husmean los más ínfimos detalles y las personas se han convertido en propios sensores que vocean sus más íntimos detalles mediante sus móviles y wearables. Demasiada conexión que no le impide sentirse inconexo; redes sociales que no le alejan de la soledad. Comunicación que no garantiza nada cierto.

Aquella mañana había más gente de lo normal en la plaza del Ayuntamiento. Martín lo sabía por las redes sociales y la información del propio Ayuntamiento. Por distintas vías de comunicación el Ayuntamiento había lanzado una consulta sobre la conveniencia de disponer de regulación de iluminación en toda la ciudad según la luz ambiental. “Miedo a gobernar y ganas de que decidan otros” decía un señor mayor; “participación ciudadana” pensaba Martín.

Esa mañana se comunicaba el resultado de la consulta, tanto por redes sociales como por un amplio dispositivo de pantallas en la plaza del Consistorio. Quizá no viera a Marta, perdida en la multitud. Vivía en una ciudad inteligente, formaba parte de una red de información. Pero tanto conocimiento no le aseguraba encontrarse con Marta.

Aquella mañana había más gente de lo normal en la plaza del Ayuntamiento. Martín lo sabía por las redes sociales y la información del propio Ayuntamiento

Marta llega a la plaza poco antes de la hora convenida. Estaba repleta de gente. Se celebraba una asamblea popular, organizada por el Regidor, con el fin de mejorar las condiciones sanitarias de la ciudad. Desde hacía tiempo se quería acabar con la insana costumbre de desaguar las viviendas al grito de “¡agua va!”. Aquello era impropio de una ciudad que aspiraba a ser moderna. Había cierta resistencia entre la población y por ello se formó una asamblea popular.

Marta busca a Martín entre el gentío alborotado, recordando en su memoria su sonrisa.

Martín busca a Marta entre aquella amalgama de personas y pantallas gigantes de televisión, mirando su sonrisa en el selfie que se hicieron la víspera.

Toda la ciudad parece girar para su encuentro.

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Marta y Martín nunca se encontraron. Esta probable historia de amor no es posible. Marta y Martín puede que vivan en una misma ciudad, pero en tiempos diferentes.

En tiempos diferentes existen las mismas preocupaciones. En la ciudad de Marta, como en la ciudad de Martín, existe la participación en la vida pública, ya sea de manera directa, yendo a la plaza del Ayuntamiento o por redes sociales; hay medios que permiten la flexibilidad laboral; la ciudad y las viviendas están diseñadas para mejorar la calidad de vida, como es la existencia de pequeños huertos tras las casas, o disponer de depósitos de agua y células solares por vivienda; el tránsito por las calles está controlado y el medioambiente es sano. Todos estos temas son preocupaciones de una ciudad inteligente. Marta y Martín viven en una Smart City. Los dos en una ciudad que ahora calificamos de inteligente.

Este cuento no termina con moraleja. Mejor concluye con preguntas. Preguntas que nos pueden ayudar a entender lo que estamos creando.

¿Es la ciudad inteligente una cuestión de hoy en día, o de siempre? ¿Es un tema de sólo tecnología? ¿Aplicamos la tecnología para resolver los problemas que la vida actual ha creado? ¿Eran las ciudades antiguamente inteligentes por sí solas? ¿Hablamos de ciudades inteligentes para arreglar lo que nuestra falta de inteligencia ha estropeado?

En 1859 Charles Dickens escribió “Historia de Dos Ciudades”. Mi talento, que no llega a tanto, sólo alcanza a un discreto cuento sobre dos ciudades, que quizá sean una misma.

Acabamos como empieza la historia de Dickens:

«Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación”.

¿Habla del tiempo de las ciudades inteligentes?

Publicado en Leaners Magazine nº 7, Engaging Citizens

 

Apasionante formación apasionada

Apasionante formación apasionada

Apasionante formación apasionada

Durante la última Guerra Civil española un humilde maestro de escuela se quedó aislado en un remoto pueblo de Ávila. No tenía libros de texto para sus alumnos. Tan sólo un ejemplar del Quijote. Aquel fue su libro de texto. Las aventuras del ingenioso hidalgo fueron el ingenio de aquel maestro para enseñar lengua, literatura, historia y geografía durante aquellos años de odio. Acabó por saberse el Quijote de memoria. Con escasos medios consiguió que aquellos muchachos de distintas edades fueran conscientes de la vida y construyeran su propio camino del miedo a la libertad, que es la formación.

Hoy la formación se nos aparece distinta y garantizada por una tecnología que la hace viable. Hoy parece imposible no aprender.

Ahora es distinto

Este maestro de escuela rural vivió en un tiempo equivocado. Fue un hombre de espíritu creador, sin medios a su alcance. Si hubiera tenido acceso a las posibilidades tecnológicas de hoy en día, su capacidad docente habría sido inmensa y sería digno de ser escuchado en cualquier evento de TED.

Nunca antes se ha enseñado como se puede enseñar hoy. La formación parece haber llegado a su máxima expresión de esplendor. Los alumnos van contentos a clase, deseosos de aprender. Así lo muestran las fotos que nos hablan de TeamLabs, versión española del revolucionario método Finlandés puesto en práctica en la Tiimiakatemia.

Es una nueva formación que tiene en su esencia la clave del éxito. El profesor ya no es la fuente de sabiduría que mana conocimiento y que sus dispuestos alumnos recogen en el envase de su cabeza. La nueva formación es nueva porque se crea un espacio de aprendizaje mutuo y con expertos. El profesor es sólo un experto, que cuenta su experiencia y aprende junto al resto de los alumnos.

Este maestro es de verdad un maestro, pues su experiencia es ejemplo atemporal de cómo la buena formación siempre ha existido. No es cuestión de los medios tecnológicos a su alcance. Hoy su proeza sería digna de ser cantada en TED a un público ya entregado antes de empezar.

Durante siglos y siglos se ha enseña bien y mal. En principio hoy en día no estamos mejor o peor que ayer en tema de enseñanza. Siempre han existido alumnos animados y desanimados. Existen nuevos modelos, como la Tiimiakatemia, o su versión española llamada TeamLabs, que parecen novedosos. Pero su esencia es la misma que hace siglos.

La esencia de la buena enseñanza es eterna pues nace del espíritu de aquel que siente la necesidad de emocionar enseñando. Todo buen docente sabe que enseña aprendiendo. El famoso profesor Frank McCourt así lo dice: «Nunca soy capaz de decir que enseño, teniendo en cuenta sobre todo que yo mismo siempre estoy aprendiendo”. Enseñaba en Nueva York en la década de los años 60, no en ninguna Tiimiakatemia del siglo XXI.

La esencia de la buena enseñanza es eterna pues nace del espíritu de aquel que siente la necesidad de emocionar enseñando

De esta forma el aula se convierte una suerte de laboratorio de aprendizaje. Experimentar para aprender. Aprender en base a proyectos. Nunca se termina. Es de nuevo la visión de continua versión beta que tanto inspira a nuestra sociedad 2.0. Lo podemos ver en los vídeos de Tiimiakatemia. Jóvenes concentrados frente a una pantalla de ordenador, o abriendo con cuidado un teléfono móvil para introducir una especie de circuito desconocido.

Cada alumno aprende a su manera, siguiendo su camino. Atrás quedan los temarios rígidos con capítulos secuenciales, pasando por temas que apenas interesan. El alumno aprende lo que te interesa. Crea su propia vía educativa pues sus aspiraciones de aprendizaje son únicas. Sólo requiere de un buen mentor que le guíe.

Se aprende porque distintas personas interesadas en lo mismo se unen. Se crea una red global de aprendizaje. En los Hackathons todos van hacia un objetivo común por distintos caminos. En una sala amplia, organizada en grupos desordenados, se trabaja por resolver un problema. Es la formación en base a la competición. Es aprender haciendo.

Este mismo profesor aplicaba la experimentación en sus clases de creatividad literaria. Quizá no se puedan considerar proyectos. También los alumnos eran más jóvenes y asistían a clases de secundaria. Con seguridad, McCourt no sabía nada de visón beta, ni de la sociedad 2.0.

Pero aplicaba principios similares. Pedía a sus alumnos que escribieran una receta de cocina desde una perspectiva literaria, con recursos propios de una novela. Creatividad sin 2.0. Eisntein aprendió sus profundos conocimientos de física porque quedó fascinado e intrigado por el comportamiento de los imanes. A partir de ahí siguió sus estudios de física, pero orientó su conocimiento a su interés personal. No es cuestión del camino.

Quien sabe dónde va, construye su camino. Las redes de conocimiento siempre han existido. Los Hackathons no son más que maratones para la solución de un problema. Llaman la atención porque estamos absurdamente fascinados por jóvenes promesas que visten zapatillas en Consejos de Dirección y pensamos que sentarse de forma desordenada en una sala es innovación. Pero su contenido no es muy distinto a aprender haciendo.

Estamos absurdamente fascinados por jóvenes promesas que visten zapatillas en Consejos de Dirección y pensamos que innovación es sentarse de forma desordenada en una sala 

Ahora es posible

En nuestro campo de la formación irrumpen los MOOC (Massive Open Online Course). Udacity, Coursera, edX, o MiríadaX en el ámbito español, son plataformas de éxito que ofrecen este tipo de formación avalados por distintas universidades. Una nueva forma de entender la formación se hace visible.

Una vez más la tecnología viene en nuestro auxilio. La tecnología hace real todo aquello que podamos imaginar como posible y es la solución a nuestros problemas. La nueva formación sólo es posible gracias a la tecnología.

Todo lo que hemos visto que define el nuevo espacio innovador educativo: profesor como tutor, aula como laboratorio, caminos propios, redes de aprendizaje; todo ello sólo es posible en virtud la nueva tecnología. Con los MOOC la formación es accesible de forma masiva y puede emplear distintos soportes comunicativos. Un curso puede ser seguido por miles de personas, las cuales no acceden sólo a un cierto material didáctico, sino a varios soportes formativos y a foros de discusión entre ellos y con los tutores. Estamos delante de un laboratorio sin fin y de una red de aprendizaje de dimensiones no vistas hasta ahora. Los límites del aula se expanden; la formación se hace universal y accesible a cualquiera desde cualquier punto. La tecnología innovadora es la garantía del éxito de la formación innovadora.

Gandhi tenía su propia versión sobre los siete pecados capitales: riqueza sin trabajo, placer sin conciencia, conocimiento sin carácter, comercio sin moral, ciencia sin humanidad, culto sin sacrificio y política sin principios. Aquí nos interesa al menos uno de tales pecados: conocimiento sin carácter. De nada sirve la tecnología si nada hay detrás de ella. La tecnología no es la solución a nuestros problemas. Sino que nosotros mismos somos la solución a nuestros problemas.

Los MOOC no difieren mucho de la tradicional formación a distancia. Basta con dar un nuevo nombre a lo existente para pensar que estamos ante algo nuevo. Tal es nuestra ansia de novedad. Los MOOC son los tradicionales cursos online (la OC final de la palabra), a los que se añade su carácter masivo (M de Massive) y una cuestión de licencia (O de Open). Los MOOC no dicen nada acerca de la eficacia en la formación. Porque no pueden. No pueden hablar de éxito en el aprendizaje. Porque la tecnología es sólo herramienta y la herramienta nunca es por si sola garantía del éxito.

La tecnología no es la solución a nuestros problemas. Sino que nosotros mismos somos la solución a nuestros problemas

Formación apassionata

El MIT Media Lab dispone de la plataforma Learning Creative Learning (LCL). LCL es una comunidad de profesores, diseñadores, padres y pensadores que en un entorno abierto (bajo licencia Creative Commons Attribution 4.0) ofrecen proyectos y experiencias para una nueva formación. Se fundamenta en la base de que se aprende mejor cuando se trabaja en proyectos (el aula como laboratorio). Los proyectos suponen generar ideas, construir prototipos, hacer mejoras y generar un producto final.

LCL del MIT Media Lab es un ejemplo real de todo lo que hemos visto. Una vez más nos encontramos con grupos de aprendizaje donde la figura del profesor se ve sustituida por el tutor. Esta vez, el tutor de un proyecto. Los proyectos son la vía alternativa para un aprendizaje que transcurre por caminos individuales. No existe la idea de temario común, igual para todos, sino el aprendizaje en base a la experiencia a través de proyectos. Es el aula convertida en laboratorio.

LCL se condensa en lo que llaman las 4P: Projects, Peers, Play y

La sonata para piano nº 23 en fa menor Opus 57 de Beethoven lleva el nombre de «Apassionata» (apasionada). Tal nombre lo puso el editor, queriendo significar que debía ser ejecutada con total pasión. Esto enfadó mucho a Beethoven, pues pensaba que todas sus obras debían ser ejecutadas de forma apasionada.

Lo mismo sucede con la formación. No es cuestión de la tecnología, los MOOC, o los nuevos métodos, si no hay un espíritu propio que la anime. Es el conocimiento sin carácter que decía Gandhi. Falta lo esencial en toda formación. Nuestro solitario maestro de Ávila tuvo éxito porque enseñó utilizando la única herramienta infalible del profesor:

PASIÓN

Publicado en Leaners Magazine nº 6, Reshaping Education, pp. 24-26

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