Renacimiento Digital

Renacimiento Digital

Renacimiento Digital

Si queremos ver un “selfie” de Rafael, el famoso pintor renacentista, podemos ir a los actuales Museos Vaticanos, y deleitarnos con la pintura al fresco “La Escuela de Atenas”. En la esquina derecha asoma una cabeza, rodeada de famosos filósofos, con la cara del pintor; lo asombroso es que no aparece con los labios en morritos, ni con los dedos en “v”, y en la escena todos aparecen con caras serenas, no histriónicas. Será por ello que se dice que es un autorretrato, en lugar de un “selfie”, y un cuadro, en lugar de un Instragam.

Rafael pintó “La Escuela de Atenas” entre 1510 y 1511 con el propósito de representar a los filósofos, matemáticos y científicos clásicos más relevantes. Es una imagen representativa del Renacimiento, pues la escena se centra en el hombre y en el pensamiento. En particular, en un modelo inspirador de ser humano y un tipo específico de pensamiento. ¿Qué ser humano y ejemplo de pensamiento vemos hoy en día en las fotos de Instagram?

Escuela de Atenas RafaelFragmento de La Escuela de Atenas (Rafael, 1510-1511). Museos Vaticanos.

HOY EL SER HUMANO NO OCUPA EL CENTRO

Hoy hablamos de la importancia del hombre, de la persona o del ser humano. Sin embargo cuando hablamos de internet o de las nuevas tecnologías sólo aparece la palabra cliente o usuario. Hablar del cliente es pensar en los ingresos que obtendremos por el pago de unos servicios. Hablar del usuario es pensar en los ingresos que obtendremos por sus datos de actividad.

El Renacimiento supuso una verdadera revolución cultural porque puso al hombre en el centro. Por ello verdaderamente transformó el mundo y le hizo crecer y salir de los esquemas mentales de la época medieval. En la Transformación Digital no vivimos en un mundo de personas; vivimos en un mundo de clientes y usuarios. Si queremos que la transformación digital sea una verdadera transformación de la sociedad, como lo fue el Renacimiento, debemos pasar de la visión de clientes y usuarios a verdaderamente pensar en las personas.

El Renacimiento supuso una verdadera revolución cultural
porque puso al hombre en el centro.

Tenemos la vana ilusión de creer que el hombre está en el centro de la Transformación Digital porque diseñamos dispositivos para aumentar nuestras capacidades (realidad aumentada, wereables); o porque buscamos cómo dar a las máquinas capacidades humanas. No obstante hacer que una máquina muestre emociones humanas es más que conseguir que simule tristeza arqueando la boca hacia abajo y abatiendo la cabeza. Todavía están lejos de crear y entender todo lo que transmite el famoso cuadro de Munch, “El grito”.

el_grito_munch El grito (Munch, 1893). Galería Nacional de Oslo.

 ¿DÓNDE ESTÁ LA VISIÓN DE CONVERTIR AL SER HUMANO EN HUMANO?

Si queremos hablar de una verdadera transformación digital, de un hecho digital que nos transforme, deberíamos pensar en aquella transformación que verdaderamente ponga al ser humano en el centro, como ocurrió en el Renacimiento.
Aquella transformación que haga al ser humano más humano, esto es: más amable, más alegre y más creativo.

Más amables, en el sentido propio de la palabra de poder y querer ser amados por otros. Más alegres, como el placer de existir más y mejor. Como una expansión de nuestra capacidad de hacer. La felicidad colma un deseo y sólo dura el clic de un ratón; la alegría ensancha el alma y es más permanente. Más artistas, para crear con la marca de una personalidad y un talento, transmitiendo conocimiento y verdad.

Si una aplicación de móvil, una red social, un weareable, o un robot no nos hace más amables, más alegres o más artistas, tan solo estamos pasando el tiempo. Y de pasar el tiempo a perderlo sólo hay un paso.

DE LA TECNOLOGÍA VIRTUAL A LA VIRTUD EN LA TECNOLOGÍA.

Todo está en la naturaleza humana. Por ello nuestra verdadera revolución digital debe ser cómo la tecnología nos puede ayudar a sacar lo mejor de nuestra naturaleza humana. Debemos tener la exigencia de buscar la virtud en la tecnología. Reflexionar sobre esa imagen exigente de lo que queremos ser (no tanto de lo que queremos tener) y ver cómo la tecnología nos ayuda a conseguirlo.

Nuestra verdadera revolución digital debe ser cómo la tecnología
nos puede ayudar a sacar lo mejor de nuestra naturaleza humana

Para ello apelo al verdadero usuario 2.0. A ese usuario de cierta rebeldía, que aporta, difunde, comparte y colabora para crear una red de conocimiento y experiencias; que selecciona activamente sus contenidos; opina directamente y en directo; no se deja llevar por la publicidad, sino por la experiencia de otras personas. Si de verdad anida en él una rebeldía y es un hombre y mujer de acción, apelo a que deje ser simple cliente o usuario y se convierta en una especie de humano tecnoconsciente; a que demande ese tipo de tecnología que nos hace más humanos: más amables, más alegres, más creativos.

Quizá esta exigencia obligue a cambiar los actuales modelos de negocio de la Transformación Digital. Sabemos que las aplicaciones son en su mayoría gratis, pero quizá no pensemos en el precio que pagamos por ellas: ser cada vez menos humanos.

Dalí pintó “Muchacha en la ventana”, donde una joven no solo ve a través de una ventana, sino que mira esa realidad que quiere alcanzar. Cuando abramos una ventana en nuestra tableta propongo que miremos con la exigencia de aspirar a un Renacimiento Digital.

 

Razonablemente soñando en ti

Razonablemente soñando en ti

Razonablemente soñando en ti

DESCUBIR

Habitación de Lujo en The Willow Tearooms (Mackintosh y Margaret Macdonald)

Yo siempre he pensado que el diseño consistía en convertir en bello e inútil algo que era feo y perfectamente útil. Charles Mackintosh, famoso arquitecto y diseñador modernista de principios de siglo XX, diseñó unas sillas, de cuya belleza no dudo, pero sí de su comodidad. Son estrechas y con un largo respaldo completamente recto. Fueron diseñadas para encajar con la estética alargada de los ventanales de la sala en la que se ubican. Todo ello crea un entorno armonioso de líneas rectas y verticales que ofrece tranquilidad a la vista; pero no parece que uno desee pasarse horas y horas sentado en ellas.

Rueda de bicicleta (copia) (Duchamp, 1913)

Otro gran artista, Marcel Duchamp representó la idea de forma genial con su obra “Rueda de bicicleta”. Sobre un taburete montó una rueda de bicicleta. Con ello conseguía un objeto totalmente inútil: no te podías sentar en el taburete, ni podías usar la rueda para desplazarte. Esto no es diseño, es arte (aunque pueda parecer increíble); pero para mí representa el límite al que puede llegar el diseño mal entendido.

¿Por qué no me gusta el diseño? Porque puede llevar a pensar en cosas inútiles.
¿Por qué puede llevar a pensar en cosas inútiles? Porque puede crear objetos más bien orientados a la belleza.
¿Por qué puede crear objetos más orientados a la belleza que a la utilidad? Porque deja volar la imaginación.
¿Por qué deja volar la imaginación? Porque no tiene límites.
¿Por qué no tiene límites? Porque sueña, cuando juega con el arte.

DEFINIR

Visto así, esto del Design Thinking no parece cosa seria. Resulta arriesgado dejar la solución de los grandes problemas en algo que sueña. Podemos pensar en un Director de una gran organización que desea utilizar los principios de Design Thinking para el diseño de un nuevo servicio basado, por ejemplo, en transformación digital.

¿Qué dice y qué piensa? Me enfrento a algo totalmente desconocido. Desconozco la transformación digital. Mi Director de Tecnología no sabe explicarme bien el negocio que hay detrás de las propuestas tecnológicas que me presenta. Sólo veo riesgo e incertidumbre. Me hablan de Design Thinking como herramienta que permite desarrollar soluciones de negocio de manera exitosa. He visto poco y no quiero tener a mi gente pegando posits por las paredes, con todo lo que tenemos por hacer.
¿Qué hace y qué siente? Estoy inseguro. Lo mejor sería no hacer nada. El negocio marcha bien tal y como está. Siempre lo hemos hecho así y así es como se debe hacer y así es como sé hacerlo.
¿Qué ve y qué oye? Sin embargo veo crecer nuevos negocios, más pequeños que el mío, que me están quitando cuota de mercado. Crecen rápidamente sustentados por internet o aplicaciones móviles y mi facturación disminuye. Hay casos de éxito de nuevas soluciones basadas en Design Thinking. Aquellos que lo utilizan, aciertan con la solución: saben entender el pensamiento de sus clientes y crean soluciones atractivas.
¡Voy a usar las herramientas de eso del Design Thinking!

Visto así, esto del Design Thinking no parece cosa seria. Resulta arriesgado dejar la solución de los problemas en algo que sueña

DESARROLLAR

¿What if diseño un vestido para mi mujer que vaya a juego con la decoración de nuestra casa?

Vestido acorde a la decoración (Henry Van de Velde)

Eso es lo que pensó e hizo el arquitecto belga y diseñador de interiores Henry van de Velde, también de principios del siglo XX. Además de diseñar la decoración de su casa, diseñó unos vestidos de corte largo con los mismos motivos geométricos que aquellos que adornaban muebles y paredes de sus habitaciones. Nada se sabe de los pensamientos de la mujer de Van de Velde. Pero no sería aventurado creer que ella pensara que eso era un completo disparate.

Es el diseño llevado a su límite que no tiene. Ése es el problema de dejar volar la imaginación. De poner la solución de los problemas en un método que de alguna forma sueña. Ése es el riesgo de Design Thinking si no sabemos utilízalo. De igual forma que el diseño acaba en inútil si sólo se mueve en la esfera del arte y abandona la funcionalidad.

Design Thinking se mueve dentro de lo que se llama el doble diamante que de manera gráfica (como estamos haciendo con el texto de este artículo) muestra el pensamiento divergente y convergente. Design Thinking busca un equilibrio entre la creatividad y la razón. El pensamiento divergente (fases Descubrir y Desarrollar) es la parte creativa. Para ello, por ejemplo la herramienta “What if”, que hemos usado en este apartado, ayuda a dejar volar la imaginación. Pero debemos encontrar un equilibrio. De lo contrario podemos llegar a desatinos, a soluciones que no resuelven problemas.

ENTREGAR

El diseño es el equilibrio perfecto entre estética y funcionalidad. Dicho de una forma más poética: enlaza emoción con razón. Es por ello que los procesos de diseño parecen útiles para la resolución de problemas, donde se debe encontrar el equilibrio perfecto entre el instinto y el análisis de datos. Así nace Design Thinking. La unión de creatividad y razón es adecuada porque nuestra percepción y entendimiento de la realidad es una mezcla indisoluble de instinto y lógica.

El diseño es el equilibrio perfecto entre estética y funcionalidad. Dicho de una forma más poética: enlaza emoción con razón

Para conseguir tal unión, Desgin Thinking dispone de una serie de herramientas, tres de las cuales las hemos usado en este artículo: 5 porqués, mapa de empatía, what if. Existen otras, algunas de ellas bien conocidas, como el DAFO, Canvas, análisis 360º o tormenta de ideas.

Utilizando herramientas de Design Thinking hemos destacado el reto de la parte creativa (fases divergentes), que es la que nos conecta con lo ilimitado: puede llevar a soluciones absurdas (diseñar vestidos según la decoración de la casa) difíciles de convertir en solución de negocio. Puede causar rechazo (“no quiero a mi gente pegando posits”).

Si sólo usamos las herramientas de Design Thinking sin pensar en su esencia, no hacemos Design Thinking. Podemos usar un DAFO y no hacer Design Thinking. Por ejemplo, si pretendemos justificar con datos rigurosos toda afirmación del DAFO. Para usar correctamente Design Thinking debemos buscar ese equilibrio perfecto entre intuición y razón.

Design Thinking encuentra dicho equilibrio, sabiendo que diseña con y para las personas. Creando equipos multidisciplinares y pensando siempre en el usuario (¡pobre mujer de Van de Velde!).

Por ello, para terminar este artículo según Design Thinking, que empezaba erróneamente con la palabra “yo”, debe concluir razonablemente soñando en “ti ”.

Publicado en Leaners Magazine nº 8, Design Acting, pp.24-25

 

Un cuento de dos ciudades

Un cuento de dos ciudades

Un cuento de dos ciudades

Érase una vez Marta, quien aquella mañana recordaba la fiesta de la noche anterior. Todo fue demasiado breve y demasiado intenso. De él sólo sabe que se llama Martín.

Érase una vez Martín, quien apenas pudo dormir durante la noche. En su teléfono tiene el selfie que se hizo con ella y en su recuerdo guarda su nombre. De ella sólo sabe que se llama Marta.

Marta mira lo extenso de la ciudad desde su ventana soleada. La ciudad se extiende como un centón de pequeñas casas con jardín, en una distribución irregularmente regular. Aquella mañana su huerto trasero parece más vivo, con colores más intensos que derrochan vida.

Martín se ha despertado una vez que las persianas eléctricas se levantaran al tiempo que el sol se levanta. Pierde su mirada tras el amplio ventanal de su dormitorio. Mira sin mirar, recordando la mirada de Marta. Los tejados de las casas se extienden a su vista, salpicados de placas solares y depósitos de agua. Todo ello en una armonía desordenada.

Aquella mañana Marta ha quedado con Martín detrás del Ayuntamiento. Fue lo poco que pudieron decirse, después que la locura de la fiesta les separara. Por fortuna su trabajo se lo permite, pues trabaja en su casa. Lo importante es tener los pedidos a tiempo y eso le hace ser dueña de su tiempo. Puede marchar a encontrarse con Martín. Su casa tiene buena luz y puede trabajar luego hasta tarde.

Martín ha decido que ese día no irá al despacho. Trabajará desde casa. Tiene conectividad y acceso a toda la información que necesita. Por la noche terminará lo que le queda y la entrega estará a tiempo. Esa mañana debe ir al Ayuntamiento. Si no está allí a primera hora es posible que no vuelva a ver a Marta.

Le preocupa el tráfico. Es temprano y suele haber problemas para moverse con rapidez. Le tranquiliza la aplicación del tráfico que le avisa en tiempo real de los puntos conflictivos y le ofrece las mejores rutas. Distintas personas desde distintos puntos informan de manera desinteresada sobre la situación de la ciudad a través de sus diversos dispositivos móviles. Con tanta información resulta complicado no encontrar lo que uno desea. Martín desea encontrar a Marta y parece como si toda la ciudad se estuviera preparando para su encuentro.

“¿Cómo vivían antes en una ciudad si no tenían tanta información?” –publica rápidamente en una red social a través de su reloj.

Mentalmente Marta repasa el camino hasta el Ayuntamiento. Por la mañana suele haber mucho transporte para el abastecimiento de las tiendas cercanas. A veces resulta complicado transitar por las calles. En alguna ocasión ha entregado un pedido tarde por causa del tráfico en las calles. La situación ha cambiado tras las nuevas ordenanzas que regulan el tránsito de la ciudad, haciendo que éste sea más predecible. Eso le tranquiliza y le da esperanza de encontrarse con Martín en breve. Mientras escucha el silencio de su ciudad, piensa cómo antes la gente podía moverse por la ciudad, cuando todo era un caos.

Con tanta información resulta complicado no encontrar lo que uno desea

El silencio es lo que llena la ciudad. Tranquilidad dentro de la agitación. Quietud dentro del movimiento. No siempre fue así. Marta recuerda tiempos de joven cuando toda la actividad de su ciudad se traducía en ruido. Ahora el suave murmullo del movimiento le acompaña en el pensamiento de Martín. Se dirige hacia el Ayuntamiento, pero su imaginación ya está allí. No sabe si le encontrará. Es lo palpitante de la incertidumbre.

Martín siempre piensa que tiene demasiada información. Además de saber cuál es el mejor camino para ir al Ayuntamiento, sabe de los niveles de ruido y de contaminación por zonas de la ciudad. No le importa pasar por una calle ruidosa, si eso le hace llegar antes al Ayuntamiento; ni le importa atravesar algo más de humo, si con ello no pierde su cita. Demasiadas variables que controlar para un solo pensamiento. Marta puede que le espere pero ninguna aplicación le dice si la encontrará donde han quedado. Si se volverán a ver. La ciudad está llena de sensores que husmean los más ínfimos detalles y las personas se han convertido en propios sensores que vocean sus más íntimos detalles mediante sus móviles y wearables. Demasiada conexión que no le impide sentirse inconexo; redes sociales que no le alejan de la soledad. Comunicación que no garantiza nada cierto.

Aquella mañana había más gente de lo normal en la plaza del Ayuntamiento. Martín lo sabía por las redes sociales y la información del propio Ayuntamiento. Por distintas vías de comunicación el Ayuntamiento había lanzado una consulta sobre la conveniencia de disponer de regulación de iluminación en toda la ciudad según la luz ambiental. “Miedo a gobernar y ganas de que decidan otros” decía un señor mayor; “participación ciudadana” pensaba Martín.

Esa mañana se comunicaba el resultado de la consulta, tanto por redes sociales como por un amplio dispositivo de pantallas en la plaza del Consistorio. Quizá no viera a Marta, perdida en la multitud. Vivía en una ciudad inteligente, formaba parte de una red de información. Pero tanto conocimiento no le aseguraba encontrarse con Marta.

Aquella mañana había más gente de lo normal en la plaza del Ayuntamiento. Martín lo sabía por las redes sociales y la información del propio Ayuntamiento

Marta llega a la plaza poco antes de la hora convenida. Estaba repleta de gente. Se celebraba una asamblea popular, organizada por el Regidor, con el fin de mejorar las condiciones sanitarias de la ciudad. Desde hacía tiempo se quería acabar con la insana costumbre de desaguar las viviendas al grito de “¡agua va!”. Aquello era impropio de una ciudad que aspiraba a ser moderna. Había cierta resistencia entre la población y por ello se formó una asamblea popular.

Marta busca a Martín entre el gentío alborotado, recordando en su memoria su sonrisa.

Martín busca a Marta entre aquella amalgama de personas y pantallas gigantes de televisión, mirando su sonrisa en el selfie que se hicieron la víspera.

Toda la ciudad parece girar para su encuentro.

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Marta y Martín nunca se encontraron. Esta probable historia de amor no es posible. Marta y Martín puede que vivan en una misma ciudad, pero en tiempos diferentes.

En tiempos diferentes existen las mismas preocupaciones. En la ciudad de Marta, como en la ciudad de Martín, existe la participación en la vida pública, ya sea de manera directa, yendo a la plaza del Ayuntamiento o por redes sociales; hay medios que permiten la flexibilidad laboral; la ciudad y las viviendas están diseñadas para mejorar la calidad de vida, como es la existencia de pequeños huertos tras las casas, o disponer de depósitos de agua y células solares por vivienda; el tránsito por las calles está controlado y el medioambiente es sano. Todos estos temas son preocupaciones de una ciudad inteligente. Marta y Martín viven en una Smart City. Los dos en una ciudad que ahora calificamos de inteligente.

Este cuento no termina con moraleja. Mejor concluye con preguntas. Preguntas que nos pueden ayudar a entender lo que estamos creando.

¿Es la ciudad inteligente una cuestión de hoy en día, o de siempre? ¿Es un tema de sólo tecnología? ¿Aplicamos la tecnología para resolver los problemas que la vida actual ha creado? ¿Eran las ciudades antiguamente inteligentes por sí solas? ¿Hablamos de ciudades inteligentes para arreglar lo que nuestra falta de inteligencia ha estropeado?

En 1859 Charles Dickens escribió “Historia de Dos Ciudades”. Mi talento, que no llega a tanto, sólo alcanza a un discreto cuento sobre dos ciudades, que quizá sean una misma.

Acabamos como empieza la historia de Dickens:

«Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación”.

¿Habla del tiempo de las ciudades inteligentes?

Publicado en Leaners Magazine nº 7, Engaging Citizens

 

Apasionante formación apasionada

Apasionante formación apasionada

Apasionante formación apasionada

Durante la última Guerra Civil española un humilde maestro de escuela se quedó aislado en un remoto pueblo de Ávila. No tenía libros de texto para sus alumnos. Tan sólo un ejemplar del Quijote. Aquel fue su libro de texto. Las aventuras del ingenioso hidalgo fueron el ingenio de aquel maestro para enseñar lengua, literatura, historia y geografía durante aquellos años de odio. Acabó por saberse el Quijote de memoria. Con escasos medios consiguió que aquellos muchachos de distintas edades fueran conscientes de la vida y construyeran su propio camino del miedo a la libertad, que es la formación.

Hoy la formación se nos aparece distinta y garantizada por una tecnología que la hace viable. Hoy parece imposible no aprender.

Ahora es distinto

Este maestro de escuela rural vivió en un tiempo equivocado. Fue un hombre de espíritu creador, sin medios a su alcance. Si hubiera tenido acceso a las posibilidades tecnológicas de hoy en día, su capacidad docente habría sido inmensa y sería digno de ser escuchado en cualquier evento de TED.

Nunca antes se ha enseñado como se puede enseñar hoy. La formación parece haber llegado a su máxima expresión de esplendor. Los alumnos van contentos a clase, deseosos de aprender. Así lo muestran las fotos que nos hablan de TeamLabs, versión española del revolucionario método Finlandés puesto en práctica en la Tiimiakatemia.

Es una nueva formación que tiene en su esencia la clave del éxito. El profesor ya no es la fuente de sabiduría que mana conocimiento y que sus dispuestos alumnos recogen en el envase de su cabeza. La nueva formación es nueva porque se crea un espacio de aprendizaje mutuo y con expertos. El profesor es sólo un experto, que cuenta su experiencia y aprende junto al resto de los alumnos.

Este maestro es de verdad un maestro, pues su experiencia es ejemplo atemporal de cómo la buena formación siempre ha existido. No es cuestión de los medios tecnológicos a su alcance. Hoy su proeza sería digna de ser cantada en TED a un público ya entregado antes de empezar.

Durante siglos y siglos se ha enseña bien y mal. En principio hoy en día no estamos mejor o peor que ayer en tema de enseñanza. Siempre han existido alumnos animados y desanimados. Existen nuevos modelos, como la Tiimiakatemia, o su versión española llamada TeamLabs, que parecen novedosos. Pero su esencia es la misma que hace siglos.

La esencia de la buena enseñanza es eterna pues nace del espíritu de aquel que siente la necesidad de emocionar enseñando. Todo buen docente sabe que enseña aprendiendo. El famoso profesor Frank McCourt así lo dice: «Nunca soy capaz de decir que enseño, teniendo en cuenta sobre todo que yo mismo siempre estoy aprendiendo”. Enseñaba en Nueva York en la década de los años 60, no en ninguna Tiimiakatemia del siglo XXI.

La esencia de la buena enseñanza es eterna pues nace del espíritu de aquel que siente la necesidad de emocionar enseñando

De esta forma el aula se convierte una suerte de laboratorio de aprendizaje. Experimentar para aprender. Aprender en base a proyectos. Nunca se termina. Es de nuevo la visión de continua versión beta que tanto inspira a nuestra sociedad 2.0. Lo podemos ver en los vídeos de Tiimiakatemia. Jóvenes concentrados frente a una pantalla de ordenador, o abriendo con cuidado un teléfono móvil para introducir una especie de circuito desconocido.

Cada alumno aprende a su manera, siguiendo su camino. Atrás quedan los temarios rígidos con capítulos secuenciales, pasando por temas que apenas interesan. El alumno aprende lo que te interesa. Crea su propia vía educativa pues sus aspiraciones de aprendizaje son únicas. Sólo requiere de un buen mentor que le guíe.

Se aprende porque distintas personas interesadas en lo mismo se unen. Se crea una red global de aprendizaje. En los Hackathons todos van hacia un objetivo común por distintos caminos. En una sala amplia, organizada en grupos desordenados, se trabaja por resolver un problema. Es la formación en base a la competición. Es aprender haciendo.

Este mismo profesor aplicaba la experimentación en sus clases de creatividad literaria. Quizá no se puedan considerar proyectos. También los alumnos eran más jóvenes y asistían a clases de secundaria. Con seguridad, McCourt no sabía nada de visón beta, ni de la sociedad 2.0.

Pero aplicaba principios similares. Pedía a sus alumnos que escribieran una receta de cocina desde una perspectiva literaria, con recursos propios de una novela. Creatividad sin 2.0. Eisntein aprendió sus profundos conocimientos de física porque quedó fascinado e intrigado por el comportamiento de los imanes. A partir de ahí siguió sus estudios de física, pero orientó su conocimiento a su interés personal. No es cuestión del camino.

Quien sabe dónde va, construye su camino. Las redes de conocimiento siempre han existido. Los Hackathons no son más que maratones para la solución de un problema. Llaman la atención porque estamos absurdamente fascinados por jóvenes promesas que visten zapatillas en Consejos de Dirección y pensamos que sentarse de forma desordenada en una sala es innovación. Pero su contenido no es muy distinto a aprender haciendo.

Estamos absurdamente fascinados por jóvenes promesas que visten zapatillas en Consejos de Dirección y pensamos que innovación es sentarse de forma desordenada en una sala 

Ahora es posible

En nuestro campo de la formación irrumpen los MOOC (Massive Open Online Course). Udacity, Coursera, edX, o MiríadaX en el ámbito español, son plataformas de éxito que ofrecen este tipo de formación avalados por distintas universidades. Una nueva forma de entender la formación se hace visible.

Una vez más la tecnología viene en nuestro auxilio. La tecnología hace real todo aquello que podamos imaginar como posible y es la solución a nuestros problemas. La nueva formación sólo es posible gracias a la tecnología.

Todo lo que hemos visto que define el nuevo espacio innovador educativo: profesor como tutor, aula como laboratorio, caminos propios, redes de aprendizaje; todo ello sólo es posible en virtud la nueva tecnología. Con los MOOC la formación es accesible de forma masiva y puede emplear distintos soportes comunicativos. Un curso puede ser seguido por miles de personas, las cuales no acceden sólo a un cierto material didáctico, sino a varios soportes formativos y a foros de discusión entre ellos y con los tutores. Estamos delante de un laboratorio sin fin y de una red de aprendizaje de dimensiones no vistas hasta ahora. Los límites del aula se expanden; la formación se hace universal y accesible a cualquiera desde cualquier punto. La tecnología innovadora es la garantía del éxito de la formación innovadora.

Gandhi tenía su propia versión sobre los siete pecados capitales: riqueza sin trabajo, placer sin conciencia, conocimiento sin carácter, comercio sin moral, ciencia sin humanidad, culto sin sacrificio y política sin principios. Aquí nos interesa al menos uno de tales pecados: conocimiento sin carácter. De nada sirve la tecnología si nada hay detrás de ella. La tecnología no es la solución a nuestros problemas. Sino que nosotros mismos somos la solución a nuestros problemas.

Los MOOC no difieren mucho de la tradicional formación a distancia. Basta con dar un nuevo nombre a lo existente para pensar que estamos ante algo nuevo. Tal es nuestra ansia de novedad. Los MOOC son los tradicionales cursos online (la OC final de la palabra), a los que se añade su carácter masivo (M de Massive) y una cuestión de licencia (O de Open). Los MOOC no dicen nada acerca de la eficacia en la formación. Porque no pueden. No pueden hablar de éxito en el aprendizaje. Porque la tecnología es sólo herramienta y la herramienta nunca es por si sola garantía del éxito.

La tecnología no es la solución a nuestros problemas. Sino que nosotros mismos somos la solución a nuestros problemas

Formación apassionata

El MIT Media Lab dispone de la plataforma Learning Creative Learning (LCL). LCL es una comunidad de profesores, diseñadores, padres y pensadores que en un entorno abierto (bajo licencia Creative Commons Attribution 4.0) ofrecen proyectos y experiencias para una nueva formación. Se fundamenta en la base de que se aprende mejor cuando se trabaja en proyectos (el aula como laboratorio). Los proyectos suponen generar ideas, construir prototipos, hacer mejoras y generar un producto final.

LCL del MIT Media Lab es un ejemplo real de todo lo que hemos visto. Una vez más nos encontramos con grupos de aprendizaje donde la figura del profesor se ve sustituida por el tutor. Esta vez, el tutor de un proyecto. Los proyectos son la vía alternativa para un aprendizaje que transcurre por caminos individuales. No existe la idea de temario común, igual para todos, sino el aprendizaje en base a la experiencia a través de proyectos. Es el aula convertida en laboratorio.

LCL se condensa en lo que llaman las 4P: Projects, Peers, Play y

La sonata para piano nº 23 en fa menor Opus 57 de Beethoven lleva el nombre de «Apassionata» (apasionada). Tal nombre lo puso el editor, queriendo significar que debía ser ejecutada con total pasión. Esto enfadó mucho a Beethoven, pues pensaba que todas sus obras debían ser ejecutadas de forma apasionada.

Lo mismo sucede con la formación. No es cuestión de la tecnología, los MOOC, o los nuevos métodos, si no hay un espíritu propio que la anime. Es el conocimiento sin carácter que decía Gandhi. Falta lo esencial en toda formación. Nuestro solitario maestro de Ávila tuvo éxito porque enseñó utilizando la única herramienta infalible del profesor:

PASIÓN

Publicado en Leaners Magazine nº 6, Reshaping Education, pp. 24-26

Pop Business: un gran negocio, sexy, joven y transitorio

Pop Business: un gran negocio, sexy, joven y transitorio

Pop Business: un gran negocio, sexy, joven y transitorio

Popular, transitorio, prescindible, de bajo coste, producido de forma masiva, joven, ingenioso, sexy, efectista, glamuroso y gran negocio.

Así definió Richard Hamilton al Arte Pop, del cual él fue su máximo exponente en Europa. Para la exposición This is Tomorrow de 1956, Hamilton realizó su famosa obra Just What Is It That Makes Today’s Homes So Different, So Appealing? (“¿Pero qué es lo que hace a los hogares de hoy día tan diferentes, tan atractivos?”). Es un collage que muestra a un musculado hombre en bañador y una mujer desnuda con una pantalla de lámpara por sombrero, todo ello acompañado de objetos cotidianos en aquel entonces en un hogar (un radiocasete, una aspiradora).

Hablamos de Pop Art y hablamos de economía compartida, que es una especie de negocio popular: Pop Business. Porque la definición dada por Hamilton para el arte pop bien vale para la economía compartida: es popular, transitoria (como veremos), prescindible (como todo), de bajo coste (de ahí los precios que ofrece), producido de forma masiva (por los usuarios), joven (aunque cada vez menos), ingeniosa, sexy (por las fotos de gente guapa y sonriente que aparece promocionando sus servicios), efectista, glamurosa (por las mismas fotos) y (obviamente) gran negocio.

Siguiendo la estela del collage de Hamilton nos podemos preguntar: ¿qué hace que la economía compartida sea tan diferente, tan atractiva?; ¿es el mañana?

La bella economía bella

La economía compartida es atractiva. ¡Cómo no serlo con los pingües beneficios que promete! En enero del año pasado Forbes relataba el caso de un fotógrafo del San Francisco Chronicle que fue despedido en 2009. Este amante de la instantánea alquila su casa a través de Airbnb una media de doce días al mes, por 100$ la noche, obteniendo un beneficio de 97$, y de noche convierte su coche en taxi, mediante Lyft, ingresando otros 100$. En total, 3.000$ al mes de ingresos por el alquiler de activos no usados. Para el año pasado Forbes estimaba que la economía compartida podría generar más de 3.500 millones de dólares. Demasiados millones como para dejarlos escapar. Ante tales cifras, cualquiera rebusca en su casa todo objeto en desuso (ahora llamado activo) y piensa en alquilarlo para generar beneficios durante el tiempo ocioso que no lo usa.

La economía compartida invita a obtener buenos ingresos, despierta el espíritu comerciante de cada uno y por ello todos dicen: yo también quiero. Y lo que es mejor, sin que ello signifique despertar el lado avaro de cada uno.

Porque la economía compartida te ofrece el consumo que limpia tu conciencia. Te llama a realizar acciones políticamente correctas, que es lo que importa hoy en día: la imagen.

La economía compartida invita a obtener buenos ingresos, despierta el espíritu comerciante de cada uno y por ello todos dicen: yo también quiero

La economía compartida contrapone el mundo antiguo del capitalismo industrial, oscuro y tenebroso, frente al inmaculado y resplandeciente mundo nuevo. En el capitalismo industrial existía el acceso controlado por unos pocos, la centralización, el monopolio, la competitividad, el individualismo: aspectos todos ellos propios de un sombrío medioevo. Sin embargo, la nueva y renaciente economía compartida nos habla del poder de los individuos, la descentralización, la participación, la colaboración y la creación de redes: es la vida del renaciente futuro.

La vieja economía capitalista habla del yo; la nueva economía compartida habla de nosotros. Es la nueva comunión, la salvación del alma laica, la colectivización voluntaria, la comuna aburguesada y capitalista.

Además es sostenible. Con el paradigma del viejo consumo del siglo pasado los habitantes de Estados Unidos consumen el equivalente a más de cuatro planetas Tierra; en Europa, el equivalente entre dos y cuatro Tierras. Insostenible. Nos aboca al desastre, al mañana sin futuro.

No hay motivo de alarma, la economía compartida viene en nuestra ayuda. Ella es el futuro perpetuo, porque lo sostenible es compartir. Eso significa reusar, reciclar, desperdicio-cero, economía circular, sin huella medioambiental.

El mensaje es potente, atractivo, hay que reconocerlo: con la economía compartida tienes un negocio sin necesidad de inversión, sin costes de infraestructura; transmites el humano valor de compartir, de la comunidad; con una visión sostenible y medioambientalmente responsable; y obtienes 3000$ al mes. Por eso las personas que aparecen en las fotos de las páginas web de la economía compartida todas se ríen.

La economía compartida es atractiva. La gente en ella es guapa y feliz. En la economía obsoleta de nuestros lejanos antepasados del siglo pasado, las imágenes de los CEO eran hombres o mujeres, todos serios, trajeados y circunspectos. Sin embargo, mira las fotos de los fundadores y confundadores de las empresas de economía compartida: es gente joven, sonriente, vestida de manera informal, trabajando en espacios modernamente retro (paredes de ladrillo visto, con lámparas de diseño). Los dueños de la economía compartida todos ríen. Siempre me he preguntado de qué se ríen tanto. De ti.

Sonría por favor

Se ríen porque en la economía compartida te están trasladando los costes de transacción y tú no enteras.

El principal atractivo de la economía compartida son los precios; es de bajo coste (como el Pop Art). Puedes conseguir un cómodo y acogedor apartamento para 2 ó 3 personas en Helsinky por 50€ la noche, o por 86€ en el centro de la ciudad. Estos precios tan baratos se consiguen porque los ofertantes (los dueños de las casas) apenas tienen costes de explotación ni de estructura. Simplemente tienen su casa y los gastos habituales de una casa. ¿Qué costes de estructura se están ahorrando?

Los dueños de la economía compartida todos ríen. Siempre me he preguntado de qué se ríen tanto. Se ríen de ti.

Para responder a ello, podemos leer las condiciones legales de una plataforma, llamémosla “MiCasaFeliz”, de alquiler de habitaciones. En dichas condiciones se indica que MiCasaFeliz no tiene ningún control sobre la conducta de los anfitriones, clientes y por tanto rechaza toda responsabilidad a este respecto en la medida máxima de lo permitido por ley. No es responsable de que el dueño de una casa cumpla con sus obligaciones asumidas en su anuncio. Las fotos que aparecen en la plataforma no constituyen ningún aval por parte de MiCasaFeliz de ningún miembro o alojamiento. El mismo dueño debe tener sus seguros al día (coste de infraestructura).

Tampoco garantiza la identidad de un dueño de alojamiento. Literalmente: “Toda referencia incluida en la página web a un miembro ‘verificado’ únicamente indica que ese miembro ha completado el proceso de verificación correspondiente, pero no significa nada más”. Nada más, a pesar de que al ver la identidad de un dueño te aparezca el icono de un escudito de caballero medieval, con el lema de “certificado”, “seguro” u otro similar. Nada más.

Con razón es MiCasaFeliz; feliz porque cobra por un servicio de tablón de anuncios. Nada más. El resto de costes que habitualmente puede tener un hotel, y que están ligados a asegurar que cualquier problema que tenga un cliente, ellos lo resolverán (costes de transacción), quedan traspasados a los dueños de las casas y los clientes, sin que estos se enteren. Por eso ríen los CxO de la economía compartida, por eso se llama compartida; porque los usuarios comparten los gastos de transacción.

Cada dueño y cliente es responsable de tomar las medidas que considere para garantizar la entrega o recepción del servicio. Pero, ¿por qué pensar en que algo puede ir mal?; ¿por qué desconfiar, si en las fotos de MiCasaFeliz todo el mundo es guapo y sonriente, y las casas de portada son de ensueño? ¿Acaso la gente guapa y sonriente es mala? Si estamos ante el mundo sexy y glamuroso (colaborativo, ecológico, sostenible) de la economía compartida.

En MiCasaFeliz se anuncia una casa cerca de Calatayud. Eso es sexy y glamuroso. La misma casa se anuncia en un “tradicional” portal de hoteles; ya no es tan sexy y glamuroso, estás en la vieja economía, no eres colaborativo ni ecológico y estás acabando con el planeta. Cuestión de imagen, que es lo que importa. Parte del negocio de la economía compartida.

Un negocio de hace diez años

Si lo analizamos con detalle, el modelo de negocio de la economía compartida es doble. Por un lado está el evidente negocio de cobrar como intermediario de una transacción (perdón, he dicho intermediario y transacción, términos de la vieja economía; en loor de la economía compartida, traslado al lector la responsabilidad de buscar unas palabra más glamurosas para remplazarlas).

La economía compartida es sólo un cambio de escala. No es un nuevo negocio, es sólo un negocio más grande

Pero existe otro tipo de negocio. La economía compartida recurre a los “viejos” conceptos de larga cola (long tail) y sombra de información que instauraron Tim O’Reilly y John Battelle hace ya diez años al hablar de Internet 2.0.

La larga cola no es más que el acceso al modelo de negocio de millones de usuarios por todo el mundo. El tablón de anuncios con la casa en la playa de alquiler deja de tener el ámbito de un supermercado de ultramarinos, la conversación informal en la que acordamos compartir coche o hacerme cargo de tu mascota durante el verano va más allá del patio de vecinos, y el compromiso de acercarme para ver qué le pasa a tu PC deja de ser cosa de amigos. La economía compartida es sólo un cambio de escala. No es un nuevo negocio, es sólo un negocio más grande. Es popular, producido de forma masiva. Una ampliación más de las facultadas humanas gracias a la tecnología.

La segunda componente del modelo de negocio es la sombra de información, que consiste en el tratamiento de toda la información que genera el usuario. MiCasaFeliz, también es feliz porque recopila la siguiente información de cada usuario registrado: datos de formularios; búsquedas o reservas realizadas (del propio servicio u otros, como por ejemplo, servicio de limpieza); comentarios publicados y comunicaciones con otros clientes; si vincula su cuenta a una web de terceros (p.e. Facebook), los datos persones publicados en ella; ubicación de GPS (si utiliza tecnología móvil); dirección IP, fecha y hora de acceso a la plataforma, hardware y software que está utilizando, número de clics, las páginas visitadas, el orden en el que se han visitado y el tiempo empleado en cada una de ellas. Todo ello a disposición de MiCasaFeliz y sus socios comerciales.

Efectivamente es un gran negocio; quizá no muy ingenioso, pues la componente de ingenio es de hace diez años, pero sí efectista, pues todos hablan de él, hasta Leaners. Es el Pop Business.

El Pop Art es además transitorio y prescindible: ¿lo será el Pop Business?

Y yo sin enterarme

En cuestión de predicciones suelo fallar más que acertar. Teniendo en cuenta esta premisa, practico la inconsciencia de aventurar la evolución del Pop Business.

Con el tiempo, las Administraciones Públicas entrarán a regular el gran negocio, y dejará de ser tan competitivo

El modelo cambiará en breve, ya está cambiando. Lo vemos con Uber (la predicción tiene poco de aventurera). El año pasado han circulado 3.500 millones de dólares, me temo que sin la carga impositiva deseada por algunos y con las correspondientes Administraciones Públicas sin enterarse.

Hay una tarta de impuestos que se les está escapando.. El compartir el coche nunca ha estado sujeto a control fiscal, pues era una actividad residual. Ahora, con el acceso masivo (la larga cola), deja de ser una actividad residual y cobra interés impositivo.

Por otro lado, aquellas actividades sujetas al control fiscal se quejan de tal desigualdad. La perrera que atiende a las mascotas mientras sus dueños se van de vacaciones, tiene unos precios más altos y no es competitivo frente a la plataforma que ofrece amables ciudadanos que acogen con cariño a la misma mascota en su casa. No es sólo una cuestión de pago de impuestos, es volver al tema de los costes de transacción. MiCasaFeliz ofrece precios competitivos porque descarga gastos en sus clientes.

Con el tiempo, las Administraciones Públicas entrarán a regular el gran negocio, y dejará de ser tan competitivo. La Comisión Europea respalda la existencia de Uber, aduciendo que cerrar Uber no es la solución. Uberr seguirá existiendo; falta el determinar cómo. La Generalitat de Cataluña ha impuesto una multa de 30.000€ a Airbnb, por comercializar apartamentos turísticos no oficialmente registrados; multa que ahora está meditando por el impacto que pueda tener sobre el turismo en la ciudad condal.

Las Administraciones Públicas están despertando y son conscientes de un cierto vacío legal. Cuando se cubra tal vacío la economía compartida ya no será la misma. Los costes de transacción repercutidos a los clientes comenzarán a hacerse tangibles en forma de seguros, registros oficiales, inspecciones, controles, etc. Habrá una cierta carga administrativa que hará que el negocio ya no sea tan sexy para los usuarios de plataformas de economía compartida.

El Pop Business no desaparecerá, pero cambiará. Economía compartida y no compartida se acercarán.

Otra obra de Pop Art muy conocida es la serie de 32 latas de sopa Campbell de Andy Warhol (1962). El autor realizó tal obra porque quería representar algo que se viera cada día y que fuera fácil de reconocer. Me imagino un cuadro similar, con la serie de 32 empresas de economía compartida que tenemos hasta en la sopa. Pop Business.

Publicado en Leaners Magazine, nº5, Sharing Value, pp. 24-26

 

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