La IA generativa también genera negocio

La IA generativa también genera negocio

La IA generativa también genera negocio

La IA generativa bien usada puede crear innovación y progreso. Repito, bien usada.

Cuando se anunció el lanzamiento del Airbus A380 a finales de la década de los años 80 corría por el mundo de la aviación un chiste respecto al papel de los pilotos en este tipo de aviones, los cuales iban a tener un alto grado de automatismo para volar, sin necesidad apenas de contar con la intervención humana. Se decía que en la cabina de vuelo habría un perro y un piloto. El papel del perro era morder al piloto en el supuesto de que este tuviera la tentación de manejar el avión en algún momento. ¿Cuál era entonces el papel del piloto? Dar de comer al perro durante el trayecto.

¿Ocurrirá algo similar con la inteligencia artificial (IA) generativa? ¿Nos suplantará y tendrá un perro para que le demos de comer, al perro o la propia IA con nuestros datos? No necesariamente, más bien tendremos nuevas oportunidades.

¿Qué es esto de la IA generativa?

Hablamos de la inteligencia artificial, como si fuera algo único, pero en realidad existen distintos tipos de inteligencia artificial. La IA consiste en la simulación de algunos de los procesos del pensamiento humano (algunos, no todos), tales como el razonamiento, la planificación, la resolución de problemas, el utilizar conceptos abstractos o el aprendizaje. Dicho sea de paso, para esta simulación utilizamos las matemáticas. La inteligencia artificial no tiene nada de transcendental, ni es el toque divino de un dedo humano. Solo matemáticas.

Con estas matemáticas hemos sido capaces de diseñar sistemas capaces de generar contenidos, textos, imágenes o sonidos, a partir de datos ya existentes (llamado datos de entrenamiento) y en respuesta a las indicaciones que les demos. Es lo que se conoce como IA generativa. Su fundamento consiste en identificar patrones existentes en los datos de entrenamiento y generar nuevos datos de naturaleza similar. Le podemos indicar que nos hable como lo haría Yoda, el maestro Jedi de la Guerra de las Galaxias, y con la fuerza bien podría.

Dependiendo del tipo de datos que queramos generar se han diseñado una serie de aplicaciones especializadas. Así, para la creación de textos de propósito general tenemos ChatGPT o Bard; o bien para elaborar imágenes disponemos de DALL-E, Stable Diffusion, o Midjourney.

Las respuestas chatgepetinas de la IA generativa nos pueden llevar del asombro a la amenaza. También a pensar en oportunidades de negocio. La IA generativa puede impactar en los negocios en cuatro dimensiones: reducción de costes, incremento de la productividad, mejora de la experiencia de cliente y aceleración de la innovación.

Nos sustituye, nos complementa

Un artículo académico de Open IA, el dueño de ChatGPT, expone que el 80% de los puestos de trabajo podrían tener al menos un 10% de sus tareas afectada por este tipo de IA, y casi el 20% ver afectada su actividad en un 50%. Inevitablemente las empresas ven ahí una reducción de costes. IBM, BT o Dropbox anuncian despidos o parones en las contrataciones debido, entre otras razonas, a la irrupción de la inteligencia artificial. La IA generativa ha supuesto un cambio de tendencia: se ha pasado de automatizar tareas de naturaleza repetitiva, a automatizar actividades consideradas como creativas. Así tenemos la noticia de un actor de doblaje sustituido por una IA generativa. Pero no solo es cuestión de arte. Los servicios profesionales, la asesoría jurídica o la consultoría también se pueden ver afectados. Jugosa reducción de costes para las empresas, pero que también puede llevar a un impacto negativo en su imagen de cara a la sociedad.

No tenemos porqué convertirnos en esclavos de las máquinas. Si lo hacemos, quizás ahorremos costes, pero no por mucho tiempo.

Una visión alternativa es utilizar la IA generativa como apoyo en los procesos y de esta forma mejorar la productividad. GitHub, plataforma en Internet para el desarrollo de software y control de versiones, ha lanzado GitHub Copilot X basado en IA generativa para asistir a los programadores en la elaboración de código. Actualmente este apoyo en la IA generativa se está aplicando de manera informal por los trabajadores, que recurren, por ejemplo, a ChatGPT para la búsqueda de información y la elaboración preliminar de documentos. Bien utilizado, esto supone mejora de la productividad; mal utilizado, riesgos de seguridad y elogio de la vaguería. Por ello, muchas grandes corporaciones están prohibiendo el uso de ChatGPT hasta conseguir regular internamente su uso de forma segura y realmente productiva.

Clientes contentos, innovación sin límites

Esta IA generativa como apoyo se puede llevar a procesos de negocio y aplicarla directamente a la mejora de la experiencia de cliente. Open IA diseña aplicaciones personalizadas para empresas, basadas en su ChatGPT, de tal manera que éstas las puedan integrar en sus páginas web con el objetivo de ofrecer más servicios a sus clientes. Por ejemplo, Expedia lo utiliza para facilitar la planificación de los viajes o Shopify para que sus usuarios puedan crear descripciones de los productos que quieran vender en su plataforma. Atalassian, dueña de Jira, Confluence o Trello, dispone de su virtual teammate como asistente para cualquier tipo de dudas o para elaborar resúmenes de reuniones. En la misma dirección se mueve Micrsoft 365 Coplit, capaz de sugerirte textos para Word o de crear imágenes para PowerPonint generadas por Dall-E.

Dado que la IA generativa genera nuevos contenidos, ¿por qué no usarla para crear nuevos productos? Es su aplicación en el campo de la innovación. Las empresas farmacéuticas ven grandes posibilidades en este tipo de IA para el descubrimiento de nuevas moléculas que les lleve a nuevos medicamentos, ya sean genéricos o incluso adaptados a ciertos pacientes. Pero su uso va más allá. La IA generativa se puede usar como fuente de entrenamiento, para otras IA (como el machine learning) o para las personas. Mediante la IA generativa se pueden crear, por ejemplo, imágenes de radiografías para formar a médicos, ejercicios docentes para alumnos, o casos legales para mejorar la asesoría jurídica.

No todo tiene que ser dar de comer a un perro que nos vigila. No tenemos porqué convertirnos en esclavos de las máquinas. Si lo hacemos, quizás ahorremos costes, pero no por mucho tiempo. Si nos apoyamos en la IA generativa, podemos crear nuevas oportunidades nunca vistas.

Publicado en Cinco Días

 

ODS con inteligencia

ODS con inteligencia

ODS con inteligencia

La IA puede aportar soluciones para llevar a cabo un desarrollo sostenible

Imaginemos que hace unos días me encontraba en un congreso científico. La primera parte del congreso había transcurrido sin mucha novedad en las exposiciones. Correspondía ahora ese café de media mañana que sirve de networking, que no es otra cosa que hablar y relacionarse con otros colegas. Yo removía mi café expreso con la cucharilla, ausente de la conversación en la que me encontraba networkeando, en un movimiento automático y repetitivo.

Desperté a la realidad cuando me enganché, como un oyente intruso, a la conversación de otras dos personas que a mi lado formaban su propio corrillo.

  • ¡A ver qué nos cuentan ahora sobre los ODS!
  • Espero que sea más interesante que lo escuchado hasta el momento. Sin duda, la inteligencia artificial está ayudando a los ODS.
  • No sin riesgos.
  • Lo iremos viendo, pero de momento hay grandes esperanzas.

La interlocutora comenzó a relatar todo su conocimiento sobre las iniciativas de inteligencia artificial relacionadas con los ODS.

Buenos objetivos con buena inteligencia artificial

La inteligencia artificial es una herramienta y como tal, podemos usarla para unos fines u otros. Uno de tales fines bien puede, y deben, ser los ODS.

En este sentido, el reconocimiento de imágenes junto con el aprendizaje automático (machine learning) resulta de especial utilidad. Por ejemplo, se ha utilizado para identificar zonas expuestas a altos niveles de pobreza analizando las imágenes por satélite de las regiones en estudio. Mediante el reconocimiento de imágenes se pueden reconocer infraestructuras, tales como carreteras, zonas urbanas, embalses o granjas, y analizar su nivel de construcción y mantenimiento. Esto permite conocer el nivel de desarrollo de cada zona. Por lo general, el acceso a estas zonas es complicado y la información sobre ellas escasa. Este sistema permite analizar grandes zonas de forma eficaz y precisa.

Detrás de estas mismas tecnologías de reconocimiento de imágenes y machine learning se encuentran sistemas que pueden alertar sobre desastres climáticos o bien identificar rápidamente la malnutrición infantil. En este último caso, mediante técnicas de reconocimiento facial se puede analizar en poco tiempo si un niño sufre desnutrición, identificando de forma temprana patrones incipientes causados por la inanición, para así poder poner remedio antes de que sufra las consecuencias de la falta de alimento.

La inteligencia artificial es una herramienta y como tal, podemos usarla para unos fines u otros: por ejemplo, los ODS

No todo es reconocimiento de imágenes. El análisis masivo de datos también ayuda al cumplimiento de los ODS. En Colombia se ha creado un banco genético de semillas de fríjoles, yuca y forraje con el objetivo de poder adaptarlas a posibles cambios climáticos. La iniciativa, que ha recibido una subvención de 17 millones de dólares de la Fundación Bezos para la Tierra, incorpora además técnicas de inteligencia artificial para conocer con antelación el posible crecimiento de las semillas y evitar, entre otras cosas, problemas por falta de biodiversidad en la naturaleza.

Relacionado específicamente con el ODS 3 Salud y Bienestar, la inteligencia artificial se viene utilizando en la investigación de fármacos, ya sea para predecir la toxicidad de los medicamentos, sus propiedades fisicoquímicas o bien generar nuevas medicinas. Con ello se consigue reducir el tiempo de investigación, pasando de años a meses.

  • Como ves –concluyó la interlocutora–, muchas posibilidades de la inteligencia artificial para los ODS.
  • El problema –respondió su compañero de café– es el uso indebido que se pueda hacer de estas posibilidades.

 

La cosa de puede torcer

La inteligencia artificial no está exenta de riesgos. Esto no significa dejar de usarla, sino saber cómo usarla. Conducir un vehículo también tiene riesgos y no por ello vamos andando a todos los sitios, sino que conocemos los riesgos y aprendemos a cómo movernos por las ciudades. La Unión Europea es muy consciente de esto posibles riesgos y está elaborando una legislación para regular la inteligencia artificial.

Según su borrador actual, existen ciertos usos de la inteligencia artificial que tienen un riesgo inaceptable, como son la manipulación de las personas, especialmente de grupos vulnerables. Otros usos de la inteligencia artificial se consideran de riesgo alto e incluyen actividades relacionadas con el reconocimiento facial, la gestión de infraestructuras, la educación, el empleo, el control de fronteras o la migración de personas. Estamos hablando de los ámbitos de los ODS.

Los ODS abordan acciones sobre grupos especialmente vulnerables, susceptibles de aceptar cualquier riesgo por un pequeño beneficio. El reconocimiento facial para identificar la malnutrición se puede convertir en clasificación de personas; el análisis de infraestructuras puede servir para el control de la población; la investigación de semillas o de nuevos fármacos puede acabar favoreciendo solo a grupos reducidos, sin garantizar su acceso universal. No digo que vaya a ocurrir, digo que puede ocurrir. Por ello tenemos que estar vigilantes.

La inteligencia artificial no está exenta de riesgos. Esto no significa dejar de usarla, sino saber cómo usarla.

Otro dilema es la huella de carbono que genera la inteligencia artificial. Hemos hablado de sistemas de inteligencia artificial que alertan sobre desastres climáticos, mientras la propia inteligencia artificial genera toneladas de CO2. Se estima que el entrenamiento de GPT3, el modelo de lenguaje detrás de ChatGPT, generó 500 veces más carbono que un solo viajero en un vuelo de ida desde Nueva York a San Francisco. Otra cuestión que resolver y en ello estamos.

  • Como ves –concluyó el científico con un gesto de incertidumbre–, luces y sombras…
  • Habrá que iluminar las luces.

 

Estupidez artificial

Los dos científicos se separaron y disolvieron en la masa de asistentes. Inevitablemente me vino a la cabeza la idea de estupidez artificial, que consiste en dejar que la inteligencia artificial decida por nosotros. En pensar que solo existe un camino para la inteligencia artificial y que ese camino excluye o limita al ser humano.

La inteligencia artificial puede ser nuestra aliada o nuestra enemiga para el cumplimiento de los ODS. Depende de nosotros. Para evitar caer en la estupidez artificial aplicada a los ODS, propongo 4 sencillos pasos:

  1. Analizar las consecuencias, buenas y malas, de una inteligencia artificial para el desarrollo de un objetivo ODS.
  2. Pensar de qué principios partimos para aplicar una inteligencia artificial. Si queremos buscar, por ejemplo, la equidad o garantizar la autonomía humana.
  3. Explicar cómo funciona una inteligencia artificial: la forma en la que actúa, sus limitaciones o sus posibles sesgos.
  4. Por último, y más importante, dejar que la persona decida en qué medida quiere que la inteligencia artificial medie en su vida, por muy loable que sea el objetivo.

Concluyó el café y todos volvimos a la siguiente ponencia, sobre el uso de la inteligencia artificial para el desarrollo de los ODS.

Publicado en El Español

 

Sacerdotes ChactGPT

Sacerdotes ChactGPT

Sacerdotes ChactGPT

ChatGPT parece nuestra nueva pitonisa que dice la verdad. Gran riesgo

 

En la antigua Grecia se acudía al oráculo de Delfos para tener respuesta a cualquier pregunta. Hoy tenemos a ChatGPT. El oráculo de Delfos era respetado como infalible y sus respuestas eran muy bien valoradas. Se entendía que la pitonisa, sentada en su trípode en la zona sagrada del templo de Apolo, entraba en conexión directa con las divinidades y sus palabras solo podían ser verdad. Verdad. Eso es lo que podemos llegar a pensar de ChatGPT. Ése es el riesgo.

ChatGPT es un chatbot basado en GPT-3, que es lo que se llama un LLM (Large Language Models), es decir, un modelo de lenguaje grande. Google tiene otro, llamado LaMDA, del cual un ingeniero aseguró que tenía sentimientos, dada la afectividad con la que respondía a sus preguntas. Pensó que su pitonisa era de este mundo y fue despedido. Una pitonisa no es mundana. Bloomberg ha creado BloomberGPT como LLM especializado en temas financieros.  La consultoría financiera tiembla en su trípode, pues le ha salido competencia.

Adiós, mentes pensantes

Si eres peluquero, ebanista o reponedor en lineales de supermercados, puedes estar tranquilo. Pero si eres analista financiero, matemático o poeta, debes empezar a preocuparte. Así lo revela un estudio sobre el impacto de los LLM en el trabajo. Concluye que el 19% de los trabajadores pueden ver impactada su actividad en un 50%; y algunos oficios, como los anteriores, impactados en un 100%.

Esto sin duda supone un riesgo para ciertos empleos. Pero como daño colateral surge otro riesgo aún mayor, que afectaría a toda la sociedad. Consiste en pensar que cualquier LLM dice la verdad. No sé si la pitonisa tenía conexión con la divinidad y si sus declaraciones eran ciertas. Pero sí sé que los LLM están conectados con una forma particular de ver el mundo, la cual no tiene por qué ser la verdadera.

El futuro de los empleos radicará en saber preguntar, pero también en saber entender el porqué de una respuesta

La palabra clave en un LLM está en la M de “modelo”. Un LLM es un modelo de lenguaje. Es una simulación de una forma particular de hablar y de crear mensajes. ¿Cuál? La que hayan decidido sus creadores. Por ejemplo, OpenIA, hacedores de ChatGPT, dicen abiertamente que han entrenado su sistema para elaborar textos largos porque así las respuestas parecen más completas. Además, ha sido entrenado mediante unas personas que le han dicho lo que es una buena respuesta y lo que no. ChatGPT es una pitonisa conectada con la divinidad terrena OpenIA. ¿Coincidirá su visión sobre lo que está bien o no con la mía? No necesariamente.

Nuevos sacerdotes

No todo está perdido. Se dice que la pitonisa, una vez recibida la consulta, y tras haber entrado en trance, respondía a un sacerdote, el cual interpretaba sus palabras y las escribía en verso para entregarlas al peticionario. ¡Esa es nuestra salvación, convertirnos en sacerdotes de ChatGPT!

La caída de unos trabajos trae el auge de otros. El futuro de los empleos en la economía del conocimiento, amenazados por estos LLM, radicará en saber preguntar y en saber entender el porqué de una respuesta. Quizás no bastará con hacer una sola pregunta a un LLM para entender una situación, sino en hacerle varias, de distintas formas para extraer la respuesta final analizando sus respuestas particulares. Un conocimiento que implica saber cómo funciona una red neuronal, de la misma forma que sabemos cómo funciona una enciclopedia y qué entradas hay que consultar hasta tener la respuesta definitiva.

Se dice que Alejandro Magno fue a Delfos a preguntar si vencería en sus batallas. La pitonisa rechazó contestarle en ese momento. Alejandro, enfurecido, agarró al oráculo por los cabellos y la arrastró fuera del santuario hasta que ésta gritó: ¡Eres irresistible! Alejandro entendió que esa era la respuesta y conquistó el mundo. Saber entender las respuestas es clave.

Publicado en DigitalBiz

Metaverso: el nuevo mito de la caverna

Metaverso: el nuevo mito de la caverna

Metaverso: el nuevo mito de la caverna

El metaverso nos promete un mundo maravillo. Pero puede ser una falsa promesa

 

Todos conocemos el mito de la caverna de Platón. Unos hombres encadenados en una caverna solo pueden ver las sombras de una realidad que existe más allá. Hay otra realidad, un mundo más perfecto, más completo, al que no pueden acceder y del que solo son capaces de tener una visión reducida en forma de sombras. El metaverso acabará con esta injusticia.

El metaverso nos promete ese mundo más perfecto y completo. ¿Por qué vivir de forma sombría en un mundo lleno de problemas, cuando existe otro donde puedes hacer y ser lo que quieras? El metaverso va a romper las cadenas que nos mantienen atados a una realidad formada únicamente por sombras. ¡Por fin veremos la luz!

Esto será gracias a la inteligencia artificial (IA). Mark Zuckerberg lo anunció a finales de febrero. El metaverso estará potenciado por la IA para ofrecer, de momento, dos grandes facilidades que harán la vida en ese nuevo mundo mucho más placentera.

Nada nos tiene que hacer suponer que el metaverso será mejor que nuestra realidad

Todo metaversanio de pleno derecho podrá crear cualquier paraíso con solo describirlo en unas líneas de texto. Si escribes “quiero estar en una isla tropical leyendo a Platón” (cada uno puede pedir lo que quiera), la todopoderosa IA generará unos gráficos adecuados que te transportarán al lugar elegido.

¡Genial!, pero ¿en qué idioma se lo digo?, ¿en inglés? ¡No, en tu propio idioma! Esa es la segunda maravilla de la IA en el metaverso. No habrá barreras lingüísticas. La maldición de la torre de Babel se habrá terminado. Podrás escribir en tu idioma y la todo-traductora IA te entenderá. ¿También en bable? No sé, habrá que ver si el señor Zuckerberg lo considera adecuado en su metaverso paradisíaco.

No tan paraíso

El metaverso se nos aparece como un mundo ideal en el que refugiarnos de este mundo miserable. Pero la realidad de esta realidad virtual no es tan maravillosa. En este año 1 del metaverso ya se han detectado comportamientos abusivos contra las mujeres. Se han denunciado casos en los que las usuarias se han visto rodeadas de repente de avatares masculinos que han actuado de forma intimidatoria. O bien comportamientos individuales de acoso verbal y obsceno de metaversianos masculinos hacia sus conciudadanas virtuales. Parece que este metaverso también tiene sombras.

Esto puede ser solo el comienzo. Lo cierto es que todo aquello que hemos visto en las redes sociales es susceptible de ocurrir en el meta-maravillerso. Existe el riesgo de que también se propaguen noticias falsas; de que se fomenten las rivalidades y se propague el discurso del odio; o de que se comercie con toda la información que se genera con la actividad de un avatar, tras el cual hay una persona de carne y hueso. Si además entran en escena las criptomonedas y la posibilidad de disponer de activos mediante NFT, los amigos de la estafa estarán por medio.

Un metaverso como el nuestro

Nada nos tiene que hacer suponer que el metaverso será mejor que nuestra realidad. Nada, mientras no cambiemos nuestra realidad, es decir, mientras no cambiemos nuestra condición humana. Allí donde vayamos llevaremos lo que somos. Toda innovación viene alentada por atractivas promesas, pero no nos engañemos: el metaverso será como nuestro mundo, una mezcla de drama y comedia.

El gran guionista Zuckerberg promete una IA responsable y un metaverso transparente. ¿Habrá que creer en su buena voluntad? Quizás sea mejor disponer de mecanismos de auditoría y control suficientes para este viejo nuevo-mundo. El poder no puede recaer en una sola persona, ni en el mundo real, ni en el virtual. Allá donde construyamos una realidad deberá haber supervisión.

Para desgracia de Zuckerberg, su anuncio de fantasía de la IA se vio ensombrecido por la barbarie en Ucrania. El mundo real eclipsó el mundo virtual. La salvación de la caverna no es crear un supuesto mundo ideal, sino liberarnos de las cadenas que nos atan a nuestra condición.

Publicado en DigitalBiz

 

Algoritmos humanos en un mundo digital humano

Algoritmos humanos en un mundo digital humano

Algoritmos humanos en un mundo digital humano

¿Es posible crear algoritmos humanos? ¿Cómo deberían ser?

Una masa de gelatina transparente

Con la invención del teléfono se pensó que acabaríamos con la esencia humana. A medida que se iban conectando los hogares por cables telefónicos, fue asomando el miedo a la pérdida de la privacidad. La intimidad iba a desaparecer por completo. En algunos editoriales de la época aparecían textos terroríficos que se preguntaban qué sería de la santidad del hogar doméstico. Los miedos siempre vienen precedidos de gran pompa y circunstancia.

Este miedo a la pérdida de la privacidad derivó en la alerta a perder, nada más y nada menos, que nuestra esencia humana. Se creía que el teléfono iba a romper nuestra esfera privada y eso terminaría con lo más profundo del ser humano.

Siempre nos hemos preguntado por la esencia de lo humano. Por aquello que indiscutiblemente nos distingue de cualquier otro ser vivo, especialmente de los animales (espero que al menos tengamos claro aquello que nos distingue de una tomatera, antes de que nazca un colectivo pro derechos tomatales). En aquella época del teléfono naciente se juzgaba que un elemento de la esencia del ser humano era la privacidad. Esta visión tiene su fundamento, pues no sabe que, por ejemplo, las vacas tengan vida privada (aunque quizás la tengan, y ésta sea tan privada, que no la conocemos). La vida privada corresponde a ese ámbito de nuestra existencia sobre la cual no queremos dar cuenta públicamente y que nos identifica como individuos en lo más profundo. Esa individualidad es parte de nuestra humanidad, porque nos convierte en seres únicos.

Se empezó a hablar de la sociedad como una masa de gelatina transparente. Un todo uniforme en el cual no se distingue la singularidad de cada uno. La frase es interesante porque, quizás por primera vez, se habla de “transparencia” relacionado con la tecnología. Una transparencia que nos convierte en una masa de gelatina que cualquiera puede moldear. En aquel entonces, a finales del siglo XIX, existía el temor de que la tecnología del teléfono nos hiciera transparentes y moldeables. ¿Qué pensar hoy en día con tanta tecnología en forma de apps en nuestros móviles?

Actualmente no tenemos la sensación de perder nuestra esencia humana si hablamos por teléfono. Posiblemente no sepamos exactamente qué es lo humano, pero no nos sentimos deshumanizados por hablar por teléfono. Hoy los miedos vienen por otro lado. Pensamos que esa esencia humana se puede ver atacada por toda la tecnología que nos rodea, por los macrodatos (Big Data) o en particular por la inteligencia artificial. Existe parte de razón en ello.

En un enjambre digital

La tecnología no es ni buena ni mala, pero tampoco es neutral. Transmite valores. Cuando recibes un whatsapp recibes dos mensajes: uno, lo que diga su contenido (que en la mayoría de los casos será trivial), y el otro, lo transmite la propia naturaleza de la aplicación y dice “esto es inmediato”. Un whatsapp transmite el valor de la inmediatez, y nos sentimos abocados a responder de manera inmediata. De hecho, si tardamos unos minutos en responder, podemos obtener un nuevo mensaje reproche de quien nos escribió: “hola???” (cuantos más interrogantes, más reprimenda).

Las redes sociales son una concentración casual de personas que no forman una masa

El mensaje es el medio. Así lo expresó Marshall McLuhan en 1964, cuando publicó su famosa obra Understanding Media: The Extensions of Man (Comprender los medios de comunicación: Las extensiones del ser humano). Todo medio de comunicación es en sí mismo un mensaje. Así ocurre con las redes sociales que nos enredan. Lo explicó muy bien Reid Hoffman, co-fundador de LinkedIn, cuando hace unos años habló de los pecados capitales que transmitían las redes sociales. Por ejemplo, LinkedIn transmite la codicia o Facebook, la vanidad. Hoy en día Instagram lucha por esa misma vanidad, y no es casualidad que sea propiedad de Meta, antes Facebook hasta hace unos meses.

Nos encontramos en un enjambre digital. Ésta es la expresión que utiliza el filósofo surcoreano y profesor en la Universidad de las Artes de Berlín, Byung-Chul Han. Según este autor, la tecnología, y en particular el mundo digital en el que vivimos, cambia nuestra conducta. Somos distintos desde que tenemos tecnología. El siglo XX fue el siglo de la revolución de las masas, pero ahora, la masa ha cambiado. No podemos hablar tanto de una masa, sino de un enjambre: la nueva masa es el enjambre digital.

Este enjambre digital consta de individuos aislados. Le falta un alma, un nosotros. Las redes sociales son una concentración casual de personas que no forman una masa. Particularmente lo veo cada vez que entro en Twitter (solo estoy en LinkedIn y Twitter; peco lo justo). Observo perfiles con nombres simpáticos que retuitean, responden o indican que algo les gustó. Uniones causales y temporales. No hay una voz, solo ruido.

Lo digital es ahora el medio de la información. Cabe suponer que cuantos más medios digitales tengamos, cuantas más redes sociales, dispondremos de más información y podremos tomar decisiones más acertadas. No es cierto. Así lo expresa también Byung-Chul Han: “más información no conduce necesariamente a decisiones más acertadas […]. El conjunto de información por sí solo no engendra ninguna verdad […]. En un determinado punto, la información ya no es informativa, sino deformativa”. Por eso hoy en día hay gente que piensa que la Tierra es plana.

El opio del pueblo

La tecnología digital nos ha llevado a un imperio global en el que no existe un orden dominante. Aquí cada uno se explota a sí mismo, y lo hace feliz porque se cree que lo hace libremente. Cada minuto en Internet se visualizan 167 millones de vídeos en Tiktok, se publican 575 mil tuits, 65 mil fotos en Instagram, o 240 mil en Facebook. ¡En un minuto! Creo que nunca antes ha existido una productividad semejante. Para ello, no es necesario obligar a nadie, basta con prometer un paraíso lleno de “likes” o impresiones y soltar de vez en cuando un eslogan sonriente del tipo “sal de tu zona de confort”.

Byung-Chul Han lo llama explotación sin dominación. Estamos, quizás, ante esa masa de gelatina transparente que cualquiera puede moldear. Diego Hidalgo dice que estamos anestesiados. El mundo digital nos ha dormido, nos ha dejado insensibles ante nuestra consciencia.

Hace unos años la tecnología era “sólida”. Teníamos ese teléfono de mesa, con auricular y micrófono formando un asa y que requería deslizar un disco con números del 1 al 9 para llamar a tu contertulio. Realmente tecnología sólida. Menos problemática porque sabemos cuándo la usamos y cuándo no.

La tecnología digital nos ha llevado a un imperio en el que cada uno se explota a sí mismo, y lo hace feliz porque se cree que lo hace libremente

Actualmente la tecnología, según Diego Hidalgo, es “líquida” o incluso “gaseosa”. Ya no la vemos venir. Ahora no sabemos dónde está, cuándo la usamos o si ella nos usa a nosotros. Tenemos relojes que se conectan con el móvil, o asistentes inteligentes que te marcan el número de teléfono a la orden de tu voz. Es una tecnología ubicua, cada vez más invasiva y más autónoma. Su incremento de autonomía es nuestra disminución de soberanía. Las máquinas actúan y piensan por nosotros. Google nos puede llevar de un sitio a otro, sin tener nosotros que pensar la ruta. Esto hace que estemos adormilados.

La tecnología digital se ha convertido en el opio del pueblo, parafraseando a Karl Max. De vez en cuando en las noticias vemos narcopisos con plantaciones de marihuana alimentadas bajo potentes focos de luz. De una manera más sutil, en nuestras casas disponemos de plantaciones de adormideras, en forma de múltiples dispositivos móviles, que nos iluminan a nosotros con la tenue luz azul de sus pantallas. ¿Quién alimenta este opio digital? La inteligencia artificial.

Algoritmos humanos

La inteligencia artificial es muy buena reconociendo patrones de comportamiento. Mediante la inteligencia artificial se puede identificar fácilmente qué es lo nos gusta o nos disgusta. Basta con analizar nuestra actividad en las redes sociales. Esto permite a las organizaciones hacernos amables sugerencias sobre qué comprar o qué contenido seleccionar. Esta idea partió con un fin bueno: el objetivo era conocer al usuario para que éste tuviera una mejor experiencia de cliente. En un principio, parecía que lo hacían por nuestro bien. Pero algo se debió torcer en el camino.

La inteligencia artificial puede, y debe, servir para aumentar nuestras capacidades e incluso nuestra condición humana

La inteligencia artificial se puede utilizar para mantenernos activos en las redes sociales el mayor tiempo posible. Así lo denuncia el reportaje The Social Dilema, producido por distintos ex directivos de empresas de redes sociales. No importa si ese continuo de actividad puede llevar a la adicción. No importa que el usuario pueda llegar a perder su autonomía. La inteligencia artificial puede ser muy buena como adormidera de nuestra consciencia. Opio digital del bueno.

Se impone la necesidad de ajustar la acción de la inteligencia artificial. Ésta puede, y debe, servir para aumentar nuestras capacidades e incluso nuestra condición humana. Para ello es necesario crear lo que Flynn Coleman llama algoritmos humanos. Consiste en dotar a la inteligencia artificial de valores éticos humanos. La idea es buena, pero no está exenta de complejidad, como el mismo autor reconoce.

Un primer punto es determinar qué valores éticos humanos. Posiblemente no podamos llegar a un acuerdo sobre valores éticos comunes, dado que estos dependen de nuestra cultura y de nuestros valores personales y propios. La idea de qué está bien y qué está mal no es la misma en Europa que en Oriente Medio o en Asia, por citar unos ejemplos y sin entrar a juzgarlas. Simplemente son distintas.

Pero quizás, con algo de optimismo, podríamos llegar a un mínimo de acuerdo sobre aquello que representa los valores humanos. A finales del siglo XIX, con la llegada del teléfono, se creía en la intimidad como un valor humano. Hoy en día hemos evolucionado esta visión. No hablamos tanto de esencia humana, sino de cultivo de la virtud como base para una sociedad que podamos denominar como “humana”. Son lo que se llaman las virtudes públicas, entre las cuales se encuentran la solidaridad, la responsabilidad o la tolerancia. Imposible negar estas virtudes o estos valores humanos. Los podemos considerar (casi) universales. Vale, pero ¿cómo los programamos en un algoritmo?

Ésa es la segunda cuestión de complejidad. Cómo podemos cuantificar, por ejemplo, la solidaridad, para programarla en un algoritmo. Cómo definimos la tolerancia, para pasarla a fórmulas matemáticas. Dónde ponemos matemáticamente el umbral de la tolerancia. Una posible solución es utilizar el mismo conocimiento que la inteligencia artificial tiene de nosotros. Toda esa información analizada sobre nuestros gustos y disgustos puede servir para tener una idea de nuestra esencia como seres humanos. Esencia que al estar ya digitalizada puede servir para entrenar a la propia inteligencia artificial. Pero existe un riesgo: la inteligencia artificial podría aprender nuestras fortalezas y bondades, pero también nuestras debilidades y maldades. Porque la esencia humana es el juego de ambos.

Por fortuna la solución depende de nosotros. De cada uno de nosotros cuando usamos la tecnología que nos rodea. Podemos decidir apagar el móvil, a pesar de recibir una notificación; podemos decidir escribir un tuit con uno u otro fin; o decidir publicar una foto para gloria de nuestra vanidad o no; podemos decidir crear una inteligencia artificial de reconocimiento de imágenes para detectar enfermedades con más antelación, o bien para identificar etnias y reprimirlas. Todas estas acciones comienzan con el verbo decidir en acción de primera persona, porque depende de nosotros. Y solo decide el que está despierto. Esto exige despertar de la dormidera del opio digital.

Publicado en esglobal

 

La supervisión humana de la IA

La supervisión humana de la IA

La supervisión humana de la IA

Cuando un algoritmo ofrece un resultado, es necesario estar seguro que es correcto y saber el porqué de tal resultado

 

“Que eso no se dice, que eso no se hace, que eso no se toca”. Esto es la supervisión humana que el Reino Unido ha sugerido que podría eliminar en la toma de decisiones de sistemas basados en inteligencia artificial (IA). Los versos corresponden a una vieja canción de Joan Manuel Serrat, titulada ‘Esos locos bajitos’. Hace referencia a los niños que, con mejor o peor fortuna, son educados por sus padres. Todos, en algún momento, hemos recibido esas palabras. Técnicamente hablando era la supervisión de nuestros padres en nuestros actos.

Esta misma idea de supervisión es un elemento fundamental en el uso de los sistemas inteligentes. Hay ciertas decisiones que nos afectan directamente y que pueden estar tomadas por un algoritmo de IA. Puede ser el caso de la aprobación de una hipoteca o ser contratado en una empresa. El año pasado, debido a la suspensión de los colegios por la pandemia de Covid-19, las notas de los alumnos en Reino Unido fueron asignadas por un algoritmo de IA basado en el rendimiento medio del alumno y de su instituto.

No existen decisiones automatizadas. Detrás de un algoritmo siempre hay una persona o una institución

En septiembre el Reino Unido anunció que este tipo de decisiones no tendrían por qué estar verificadas por un ser humano. Una inteligencia artificial se basta sola para saber a quién dar una hipoteca, a quién contratar o qué nota académica poner.

En contra de la UE

Este planteamiento va en contra del Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) de la UE. En particular respecto a su artículo 22 sobre decisiones automatizadas, que establece que tenemos derecho a no ser objeto de una decisión automatizada, que tenga efectos jurídicos o nos afecte significativamente.

Una IA puede determinar que no recibamos una hipoteca. No obstante, este resultado debe ser supervisado por una persona, quien, en un momento dado, puede decirle con cariño a la IA, que eso no se dice o eso no se hace, y finalmente otorgar la hipoteca al merecido solicitante.

Eliminar esta supervisión humana significa falta de transparencia en el uso de la IA y eso no va a favorecer su desarrollo.

Dividendo del dato

¿Qué se encuentra detrás de esta eliminación de la supervisión humana en la IA? El llamado dividendo del dato. El dato es el petróleo del futuro y se quiere hacer mucho dinero con él. Como decir ‘hacer dinero’ es muy grosero, se utiliza la expresión amable ‘dividendo del dato’.

Para hacer dinero, lo mejor es no tener impedimentos. El argumento en contra de la supervisión humana es que ésta resulta complicada y poco práctica. Sin embargo, tal supervisión es posible y es necesaria.

Perder la supervisión humana de la IA es perder control de la democracia

Es posible porque para entender el resultado de una IA no es necesario investigar en las tripas del algoritmo y leer líneas y líneas de código. Tenemos tecnologías que son capaces de explicar la decisión de un algoritmo inteligente en función de sus datos de entrada.

Además, es necesaria porque todo ciudadano tiene derecho a conocer quién toma una decisión y por qué la toma. Un algoritmo nunca toma una decisión. No existen decisiones automatizadas. Detrás de un algoritmo siempre hay una persona o una institución que toma una decisión a través de un algoritmo. Si eliminamos la supervisión humana, esto llevará a la toma de decisiones por personas o grupos de interés desconocidos. Una sociedad moderna y democrática no puede abandonar su responsabilidad en la toma de decisiones que afectan a sus ciudadanos.

Existe una esperanza. El mismo gobierno del Reino Unido ha comunicado que la solución final sobre la supervisión humana no debe ir en contra de los acuerdos que tiene el país con la UE. Esto afecta a ese artículo 22 del RGPD.

Esperemos que así sea. El estribillo de la canción de Serrat también dice: “niño, deja ya de joder con la pelota”. Esperemos no quitar la supervisión humana de la IA para no acabar con tan gruesas palabras hacia un sistema inteligente.

Publicado en DigitalBiz

 

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